viernes, 28 de diciembre de 2012


Iglesia. Ellos son "los llamados de Jesucristo"
(Romanos 1 :6). Es Cristo quien les da vida: "El Hijo a los que quiere da vida". (Juan 5 :21.) Es Cristo quien lava sus pecados:
Cristo "nos lavó de nuestros pecados con su sangre". ( Apocalipsis
1 :5.) Es Cristo quien les da paz: "La paz os dejo, mi
paz os doy". (Juan 14:27.) Es Cristo quien les da vida eterna:
"Yo les doy vida eterna; y no perecerán jámás". (Juan 10:28.)
Es ·Cristo quien les concede arrepentimiento: "A éste, Dios ha
exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a
Israel arrepentimiento, y perdón de pecados". (Hechos 5:31.)
Es Cristo quien les capacita para llegar a ser hijos de Dios:
"A todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos
hijos de Dios". (Juan 1 :12.) Es Cristo quien lleva a término
la obra que en ellos ha sido empezada: "Porque yo vivo, vosotros
también viviréis". (Juan 14:19.) En una palabra:
"Agradó al Padre que en él habitase toda la plenitud". (Colosenses
1 :19.) Él es el autor y consumador de la fe. Él es la
vida. Él es la cabeza; de Él todas las conyunturas y miembros
reciben su crecimiento; por Él todos los miembros del cuerpo
místico reciben energía para el trabajo y son guardados de
caída. Él los guardará hasta el fin, y los presentará sin mancha
delante de su gloria con gran alegría. Él es todas las
cosas en todos los creyentes.

¿Pertenecemos a la Iglesia que está fundada sobre la roca?
¿Somos miembros de la única Iglesia en la cual se pueden salvar
las almas? Estas preguntas son muy serias, y merecen
una atenta consideración. Pido la atención de todos los lectores
mientras trato de demostrar cuál es la verdadera y santa
Iglesia Universal, y trato de guiar sus pies hacia el único rebaño
seguro. ¿Cuál es esta Iglesia? ¿En que se distingue?
¿Cuáles son sus características? ¿Dónde se encuentra? Sobre
estas preguntas tengo algo que decir. Jesús dice: "Sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán
contra ella". En estas palabras tan famosas hay
cinco cosas que requieren nuestra atención:
I.- Un edificio: ":Mi Iglesia".
II. - Un Constructor: Cristo dice: "Y o construiré mi Iglesia".
III.- Un Fundamento: "Sobre esta piedra edicaré mi Iglesia".
IV.- Peligros Comprendidos: "Las puertas del infierno".
V.- Seguridad afirmada: "Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella".

jueves, 27 de diciembre de 2012




¡El verdadero cristianismo es una lucha! 
Notemos bien
la palabra "verdadero", pues hay mucha religión y profesión
de fe en el mundo que de cristiana sólo tiene el nombre;
en realidad no es un cristianismo verdadero y genuino. Es un
cristianismo que satisface las conciencias de aquellos que
espiritualmente duermen, y que tiene aspecto de validez pero
en realidad es moneda falsa; no es aquello que hace veinte
siglos se llamaba cristianismo. Elevado es el número de personas
que en el día del domingo va a las iglesias y capillas,
y que se llaman a sí mismas cristianas; sus nombres están
escritos entre los bautizados; su ceremonia matrimonial tuvo
lugar en la iglesia) y desean morir cristianamente y ser enterrados
de la misma manera; pasan como cristianos mientras
viven pero en la religión que profesan el elemento de
"lucha" brilla por su ausencia. No saben nada de lo que sea
la contienda espiritual y el esfuerzo de una profesión de fe
genuina. Tal "cristianismo" puede satisfacer al hombre carnal,
pero no .es el cristianismo de la Biblia por más que nos
tilden de poco caritativos en nuestras aserciones. No es la
religión que el Señor Jesús fundó y que sus Apóstoles predicaron.
N o es la religión que produce verdadera santidad. El
verdadero cristianismQ es una lucha.
El verdadero cristiano ha sido llamado


Pelea la buena batalla de la fe»
(1 Timoteo 6:12).

El amor a Cristo
debería ser el tema básico en la instrucción
·religiosa del niño. La elección, la justicia imputada,
el pecado original, la justificación, la santificación, e incluso
la fe, son doctrinas que a menudo causan confusión al niño
de tierna edad. Pero el amor a Jesús es algo más al alcance
de su entendimiento. El que Jesús le amó incluso hasta la
misma muerte y él debe corresponder con su amor, es un
credo que se amolda a su horizonte mental. Cuán ciertas son
las palabras de la Escritura: "¡De la boca de los niños y de
los que maman, perfeccionaste la alabanza!" (Mateo 21 :16).
Hay miles de cristianos que conocen todos los artículos del
credo de Atanasio, de Nicea y del Apostólico, y que sin embargo
tienen menos conocimiento de lo que es el cristianismo
real que un niño pequeño que sólo sabe que ama a Cristo.

El amor a Cristo es la fuente del servicio cristiano. Poco
haremos por la causa de Cristo si nos movemos impulsados
por el simple sentido de la obligación, o por el conocimiento
de lo que es justo y recto. Antes de que las manos se muevan,
el corazón ha de estar interesado. La excitación puede -galvanizar
las manos del cristiano para una actividad caprichosa
y espasmódica, pero sin amor no se producirá una perseverancia
contínua en el obrar bien ni en la labor misionera.
La enfermera puede desempeñar correctamente sus cuidados
facultativos y atender al enfermo con solicitud; pero aún así,
hay una gran diferencia entre sus cuidados y los que prodigará
la esposa al esposo enfermo, o la madre al hijo que
está en peligro de muerte. Una obra por el sentido de la obligación,
mientras que la otra obra impulsada por el afecto
y el amor; una desempeña su labor por la paga que percibe,
la otra obra según los impulsos del corazón. Y es así también
en lo que respecta al servicio cristiano. Los grandes
obreros de la Iglesia, los que han dirigido avances claves en
el campo misionero y han vuelto el mundo al revés, todos
se han distinguido por un intenso amor hacia Cristo.


¿Deseáis saber la razón por la cual el cristiano verdadero
muestra estos sentimientos peculiares hacia Cristo. y
por los cuales tanto se distingue?
En las palabras de San
Juan la tenemos expresada: "Nosotros le amamos a Él, porque
Él nos amó primero" (Juan 4:19). El versículo, sin duda
alguna, se refiere a Dios el Padre, pero no es menos cierto
de Dios el Hijo.
El cristiano verdadero ama a Cristo por todo lo que ha
hecho por él. Éste ha sufrido en su lugar y muerto por él
en la cruz. Con su sangre lo ha redimido de la culpa, poder,
y consecuencias del pecado. A través de Su Espíritu Santo
lo llamó, e hizo que se arrepintiera, creyera en Cristo y viviera
una vida de esperanza y santidad. Cristo ha borrado
y perdonado todos sus pecados; lo ha librado del cautiverio
del mundo, de la carne, y del diablo; lo arrebató del borde
mismo del infierno, y lo puso en el estrecho sendero que conduce
al cielo. En vez de tinieblas le ha dado luz; en vez de
intranquilidad, le ha dado paz de conciencia; en lugar de incertidumbre,
esperanza; en lugar de muerte, vida. ¿Te maravilla,
pues, que el verdadero creyente ame a Cristo?