martes, 31 de julio de 2012

LA IDOLATRÍA: UNA PRÁCTICA DETESTABLE

LA IDOLATRÍA: UNA PRÁCTICA DETESTABLE
Por Raúl Zaldivar

Como su misma palabra lo dice, la idolatría es la adoración que el hombre efectúa a
los diferentes ídolos, a quienes da ofrendas, honor, y en algunos casos hasta la vida.
Estando en la India me di cuenta que los Hindúes tienen más de 32 millones de
dioses. Casi en cada esquina existe un templo con muchos dioses. Es una gente
sumamente religiosa. Allí pudimos entender mejor el Antiguo Testamento y todo lo que
habla acerca de la idolatría, de los templos de Baal y otros dioses; y sobre todo
entender el papel de los gobernantes en relación con la lucha en contra de la Idolatría.
Lo cierto es que sólo un gobernante, con un poder político y tremendo compromiso
con Dios puede ser instrumento para atacar esta práctica detestable. Un paradigma de
esto es el Rey Ezequías, entre otros, quien destruyó todos los lugares altos e incluso
destruyó la serpiente de bronce que Moisés había levantado en el desierto, que la
gente adoraba. Es por esa razón que el libro de los Reyes y Crónicas,
respectivamente, se centran en el hecho de si los reyes promovieron o no la idolatría.
Sobre este tema me gustaría apuntar los siguientes hechos:
El primero, que la idolatría es abominación a Dios. Esta es una verdad indubitada.
Dios detesta hasta la saciedad la práctica de la idolatría. La Biblia esta salpicada de
versículos que expresamente hablan en contra de ella. Claramente señala que no
debemos tener dioses ajenos y a nadie más tenemos que rendir honor, sino solo a
Dios. Si bien es cierto, en América Latina no existe esa forma grotesca de idolatría que
existe en la India, sí es cierto que en nuestra sociedad hay un segmento importante
que rinde honor y pleitesía a imágenes de madera, de piedra, y sobre todo los
gobernantes de nuestros países que fornican con estas prácticas. Hay una verdad y
ésta es: Al Señor tu Dios adorarás y El solo servirás.
Segundo, la tolerancia equivale a estar de acuerdo. El adagio reza: El que calla
otorga. Para Dios, la indiferencia es igual al consentimiento. Si usted lee con cuidado
la Biblia se va a dar cuenta, que Dios alabó a todas aquellos reyes y profetas que
frontalmente atacaron esta práctica. Nada más agradó a Jehová que el celo de Elías al
degollar a los 450 profetas de Baal. Tal fue la satisfacción de Dios que simplemente lo
transportó a su presencia en un carruaje de fuego, sin que éste pasara por la muerte.
Es cierto que vivimos en la época donde nuestras constituciones políticas, al menos en
muchos de los países occidentales, se reconoce la libertad de cultos y en ese sentido
se permite la idolatría. Sin embargo, no hay nada que encienda más la ira de Dios que
la idolatría.
Y finalmente, estar sabidos que combatirla trae consecuencias. Sí, esta leyendo
bien, si combatimos la idolatría nos traerá consecuencias para con Dios y para con los
hombres. Dios no quiere que, so pretexto de prudencia, cautela, sabiduría nos
hagamos de la vista gorda cuando la verdad es que no tenemos las agallas para decir
como el profeta Miqueas: Estoy lleno del poder de Dios para declarar a Israel su
pecado y a Jacob su rebelión. Es cierto que hablar y actuar contra la idolatría trae
consecuencias, y si no preguntémosle al Apóstol Pablo cuando llegó Éfeso y predicó
contra la práctica de la idolatría de la diosa de los efesios, diana, a quien ellos
llamaban la gran diosa. Esto provocó la ira de Demetrio quien dirigió una turba que
persiguió al hombre de Dios. Mire amigo, tiempo y espacio me hace falta para
escribirle todos los casos bíblicos en los cuales los hombres de Dios, dejaron la
prudencia, la cautela, el protocolo e incluso la buena educación a un lado, y hablaron
la Palabra de Dios, como en realidad debe ser hablada.
En resumen, vivimos en una sociedad que sí practica la idolatría y nuestros
gobernantes fornican con ella. Si realmente tenemos un compromiso con Dios
tenemos que estar ciertos de tres cosas: 1) Dios odia la idolatría, la detesta, no le
perdona a nadie que adore otros dioses, lo contrario, hay una maldición sobre esa
persona. 2) La tolerancia es igual a estar de acuerdo a ella. No podemos pasar por
alta esto, es necesario denunciarla y exhortar al pueblo a adorar al único Dios
verdadero, a su hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la vida eterna, y 3)
Predicar en contra de esta práctica trae consecuencias. Con Dios ganamos, con el
hombre seguramente perderemos, pero tenemos que decidir.
No es una opción nuestra como Iglesia de Jesucristo, o estamos del lado de Dios o no,
recuerde las palabras de Jesús: el que no recoge conmigo, desparrama.

El escultor de la vida

El escultor de la vida

 Cierto día un grupo de artistas consideraban un enorme bloque de un muy hermoso mármol de cuatro metros de altura, que por desdicha había sido esculpido por la mano de un escultor torpe. “No se puede sacar nada de esto”, pensaban ellos.

Pero cierta mañana un joven erigió un vallado alrededor del bloque abandonado. Durante cuatro años (1501 – 1504) se oyó el ruido de cincel labrando el mármol. Cuando las tablas fueron derribadas, los pobladores del lugar maravillados pudieron contemplar la magnífica estatua del David de Miguel Ángel, que aún hoy es una joya de la ciudad. De un bloque frio y deforme, bajo el cincel del maestro, había brotado una hermosa obra maestra.

Son numerosos los que dicen: “He estropeado mi vida. No queda nada de mis esfuerzos y esperanzas”.

“¡No desesperes! Dame tu vida atormentada y miserable, dice Jesucristo, yo transformaré para la gloria de Dios”. Si usted abandona su voluntad a la Suya, Él hará algo hermoso con su vida. Quizás empiece por levantar un vallado entre usted y lo que ha amado hasta ahora, lo cual constituye un obstáculo para el trabajo que Él debe hacer.

Quizás haga un corte profundo en sus planes y en su corazón, porque quiere reproducir en usted Su propia imagen moral. Él trabaja “Hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Ga. 4:19). Sí, el Señor sabe transformar en obra maestra lo que nosotros hemos estropeado.

Nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tu mano somos todos nosotros. (Is. 64:8)

Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras. (Ef. 2:10)

No te rindas

No te rindas

  
Antes que te formase en el vientre te conocí, 
y antes que nacieses te santifiqué,
 te di por profeta a las naciones.
 Jeremías 1:5
 Posiblemente estas pasando por uno de tus peores momentos espirituales, a lo mejor todo esta saliendo contrario a lo que quisieras, en mas de alguna oportunidad has pensado en retroceder o en simplemente entregar tus privilegios.
En esta ocasión quiero decirte que hay momentos en la vida, en donde parece muy difícil entender el porque estamos pasando por esos momento de bajón espiritual, en donde por mas que queramos nada nos sale bien y lejos de salir bien todo nos sale contrario y eso ayuda a que nuestro animo decaiga.
Querido amigo, quiero recordarte que tu no eres uno mas del montón, tu eres especial tesoro, puesto que Dios te ha elegido desde antes que te formases en el vientre de tu madre. ¿Se te olvida que tu eres alguien especial?, posiblemente estas palabras en este momento no son las indicadas, puesto que es algo que tu ya sabes, pero del saber al entender hay una gran diferencia.
Esta Palabra de Dios fue escrita para ti en especial, para que te des cuenta del valor que tienes para Dios, para que en esos momentos en don quieres tirar la toalla te des cuenta que Dios ya tenia un plan para ti desde antes que nacieras y esto te lleve a reflexionar sobre el valor de no rendirte.
Amigo, por lo que mas quieras, no te rindas, no te des por vencido, tu eres especial para Dios y si El un día te llamo es porque tiene grandes planes para ti, no te desanimes, no decaiga tu animo por las circunstancias de la vida, al contrario, toma fuerzas de donde no las hay y sigue luchando por cumplir el propósito de Dios en tu vida. ¡Vamos!, no estés pensando en entregar tus privilegios, Dios te ha escogido a ti para dártelos y si El un día tuvo a bien entregártelos es porque El sabia que tenias la capacidad para cumplirlos, que los comentarios negativos de la gente no te hagan desfallecer, sino que al contrario te hagan tomar nuevas fuerzas para demostrar de que eres llamado de Dios.
Es momento de pedir perdón a Dios, por las veces que he querido dejar todo, por los momentos en donde se me ha olvidado que soy un llamado de El y quien me puso donde estoy es El, yo no quiero defraudar a mi Dios, yo quiero cumplir el propósito para el cual fui llamado y si tengo que pasar por momentos de soledad, desanimo y hasta prueba, pues lo haré, porque se que después de estas tormentas vendrá la calma y cuando venga la calma, mi carácter será el que Dios quería que fuera.
Quiero terminar esta corta reflexión diciéndote tres cortas palabras, pero que van con todo mi amor departe del Señor:

NO TE RINDAS

La más poderosa arma

La más poderosa arma












 ¿ Alguna vez has sentido la imperiosa necesidad de orar por alguien ?, pero has decidido ponerlo en tu lista de "cosas por hacer" y te has dicho: "Orare más tarde". ¿ Te ha llamado alguien alguna vez que te ha dicho, necesito que ores por mi, tengo esta necesidad ?.
Lee la siguiente historia y tal vez pueda cambiar tu forma de pensar con respecto a la oración.
 
Al regresar de un viaje misionero a su Iglesia local en Michigan, USA. Testificaba este misionero lo que Dios habia hecho con él:
 
Mientras servia como misionero en un pequeño hospital en el área rural de Africa, cada dos semanas viajaba a la ciudad en bicicleta para comprar proviciones y medicamentos. El viaje era de dos días, y deberia de atravesar la jungla. Debido a lo largo del viaje debía de acampar en el punto medio, pasar la noche y reanudar mi viaje temprano al dia siguiente.
 
En uno de estos viajes, llegué a la ciudad donde planeaba retirar dinero del banco, comprar las medicinas, los viveres y reanudar mi viaje de dos días de regreso al hospital. Cuando llegué a la ciudad, observé a dos hombres peleándose, uno de ellos estaba bastante herido. Le curé sus heridas y al mismo tiempo le hable de Nuestro Señor Jesucristo. Después de esto, reanudé mi viaje de regreso al hospital. Esa noche acampe en el punto medio y a la mañana siguiente reanudé mi viaje y llegue al hospital sin ningun incidente.
 
Dos semanas mas tarde repeti mi viaje. Cuando llegué a la ciudad, se me acercó el hombre al cual yo había atendido en mi anterior viaje y me dijo que la vez pasada, cuando lo curaba, el se dio cuenta que yo traía dinero y medicinas. El agrego:  "Unos amigos y yo te seguimos en tu viaje mientras te adentrabas en la jungla, pues sabíamos que habrias de acampar. Planeabamos matarte y tomar tu dinero y medicinas pero en el momento que nos hacercamos a tu campamento, pudimos ver que estabas protegido por 26 guardias bien armados". Ante esto no pude más que sonreir a carcajadas y le asegure que yo siempre viajaba solo. El hombre insistio y agrego: "no señor, yo no fui la única persona que vio a los guardias armados, todos mis amigos tambien los vieron, y no solo eso sino que entre todos los contamos".
 
En ese momento, uno de los hermanos de la iglesia se puso en pie, interrumpió al misionero y le pregunto la fecha y hora del suceso, al misionero responderle, el hermano conto la siguiente historia: 
 
"A la hora de su incidente en Africa era de mañana aquí. Yo me preparaba para salir cuando senti una imperiosa necesidad de orar por usted, de hecho el llamado era tan fuerte que comenze a llamar a los hermanos de la congregación para reunirnos en el Templo a orar por usted.  Hoy quisiera que los Caballeros que vinieron ese dia a orar por usted, se pusieran de pie. El misionero no estaba tan preocupado por saber quienes eran ellos, mas bien se dedico a contarlos, un total de 26 hombres.
 
Si en alguna ocasion sientes la inquietud de orar por alguien, no vaciles en hacerlo, no lo dejes para luego. Nadie seria lastimado por una oración.

LA ORACION CON FE PUEDE MUCHO

LA ORACION CON FE PUEDE MUCHO

La Oración con Fe:
A través de ella queremos exhortarte a que lleves todas tus peticiones al trono de la gracia. Puede que haya sido la curiosidad o tal vez la necesidad lo que te ha movido a aventurarte en el mundo de la FE, pero, ten la certeza de que no ha sido casualidad; estaba en la agenda divina que llegaras a este lugar. Espero que el tiempo que permanezcas en este Sitio sea de mucha BENDICION para tu vida ... Si te deleitas en el Señor, todas las peticiones de tu corazón serán contestadas.
Orar es ... Hablar con Dios, y ... para hablar con Dios es necesario que creas que Él es y que está para galardonar a los que le buscan. En otras palabras ... Tienes que tener Fe en el Dios de amor. "Sin fe es imposible agradar a Dios ..." (Hebreos 11:6)
Nuestra Fe es probada cuando hablamos con Dios, porque, estamos dirigiéndonos a alguien a quien nuestros ojos físicos no ven. Locura ... para el incrédulo, pero, para el creyente, es una necesidad y un deleite. Tú no ves al viento con tus ojos, pero sabes que existe porque lo sientes, ¿VERDAD? Lo mismo es con Dios, no lo vemos, pero, porque creemos en Él, lo sentimos. "Fe es ... la convicción de lo que no se ve." (Hebreos 11:1)
La oración del justo es el gozo de Dios, por lo que todos nosotros necesitamos orar, alabarlo,  adorarlo, le demos gracias por las bendiciones que cada día derrama sobre nuestras vidas. Se agrada cuando le confiamos todos nuestros asuntos y creemos de todo corazón que Él puede suplir todas nuestras necesidades ... espirituales, físicas y materiales.
Cuando oramos afirmamos nuestra fe, confirmamos lo que somos en Cristo, reconocemos nuestra debilidad, dependencia y necesidad de Él y fortalecemos los lazos de amistad con nuestro amado Salvador. Los resultados de ese encuentro: una paz que sobrepasa todo entendimiento y una gratitud inmensa hacia nuestro Padre celestial por su gran e inefable amor.

martes, 24 de julio de 2012

Predicaciones en Audio - Movimiento Misionero Mundial - La ...

Cómo Vencer El Pecado

Cómo Vencer El Pecado
En cada periodo de mi vida ministerial he encontrado muchos cristianos profesantes en un estado miserable de atadura, ya sea al mundo, a la carne, o al diablo. Pero seguramente esto no es un estado cristiano, pues el apóstol ha dicho claramente: "Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia." (Ro. 6:14). En toda mi vida cristiana me ha dolido encontrar tantos cristianos que viven en la atadura legal descrita en el capítulo 7 de Romanos --una vida de pecado que resuelven reformar y que caen de nuevo. Y lo que es particularmente triste, e incluso agonizante, es que muchos ministros y dirigentes cristianos dan con perfección instrucción sobre el tema de cómo vencer el pecado. Las direcciones que generalmente son dadas en este tema, lamento decir, equivalen a esto: Expón tus pecados detalladamente, resuelve abstenerte de ellos y lucha contra ellos, si es necesario con oración y ayuno, hasta que los venzas." Mantén tu voluntad firme contra una recaída en pecado, ora y lucha, y ten la determinación de que no caerás, y persiste en eso hasta que formes el hábito de obediencia y rompe con todos los hábitos pecaminosos". Para asegurarse, generalmente se añade: "En este conflicto no debes depender de tus propias fuerzas, sino ora a Dios por ayuda". En una palabra, mucha de la enseñanza tanto en el púlpito como en la imprenta, realmente equivale a esto: la santificación es por obras y no por fe. Observo que el Dr. Chambers, en sus cátedras sobre Romanos, expresamente sostiene que la justificación es por fe pero la santificación por obras. Hace unos 25 años, creo, un prominente profesor de teología en Nueva Inglaterra mantenía en sustancia la misma doctrina. En mi vida cristiana inicial fui casi engañado por una de las determinaciones del Presidente Edwards, que era, en sustancia, aquello cuando había caído en pecado buscaría su origen y entonces pelearía y oraría contra él con todas sus fuerzas hasta subyugarlo. Esto, se percibirá, está dirigiendo la atención al acto manifiesto de pecado, su origen u ocasiones. Tomar la resolución y pelear contra el pecado fija la atención en él y su origen, y lo desvía enteramente de Cristo.
Ahora es importante decir aquí que tales esfuerzos son más que inútiles, y muy frecuentemente resultan en engaño. Primero, es perder de vista lo que realmente constituye pecado, y segundo, la única forma practicable para evitarlo. De este modo el acto externo o hábito puede ser vencido y evitado, mientras aquello que realmente constituye el pecado es dejado intocable. El pecado no es externo, sino interno. No es un acto muscular, no es la volición que causa acción muscular, no es un sentimiento involuntario o deseo. Debe ser voluntario, la preferencia máxima o estado de entrega de agradarse a uno mismo de donde proceden las voliciones, las acciones, propósitos, intenciones externos, y todas las cosas que comúnmente son llamadas pecado. Ahora, ¿qué se resuelve en contra en esta religión de determinaciones y esfuerzos para suprimir hábitos y formas pecaminosos y formar hábitos santos? "El cumplimiento de la ley es el amor". Pero ¿producimos amor por resolución? ¿Erradicamos el egoísmo por resolución? No, ciertamente no. Podemos suprimir esta y otra expresión o manifestación de egoísmo al decidir no hacer esto y aquello, y orar y luchar contra él. Podemos decidir por una obediencia externa, trabajar nosotros mismos al pie de la letra por una obediencia a los mandamientos de Dios. Pero es absurdo erradicar el egoísmo del corazón de la resolución. Así que el esfuerzo de obedecer los mandamientos de Dios en espíritu --en otras palabras, intentar amar como requiere la ley de Dios por fuerza de resolución-- es absurdo. Hay muchos quienes sostienen que el pecado consiste en deseos. De ser así, ¿acaso controlamos los deseos por fuerza de resolución? Podemos abstenernos de gratificar un deseo en particular por la fuerza de la resolución. Podemos ir más allá y abstenernos de la gratificación del deseo generalmente en la vida externa. Pero esto no es asegurar el amor de Dios que constituye obediencia. Si nos volvemos anacoretas, nos aprisionamos en una celda, y crucificamos todos nuestros deseos y apetitos hasta donde la indulgencia se refiere, sólo habremos evitado ciertas formas de pecado, pero la raíz que realmente constituye el pecado no es tocada. Nuestra resolución no ha asegurado amor, que es la única obediencia a Dios. Todo nuestro batallar con el pecado en la vida externa, por fuerza de resolución, sólo termina haciéndonos sepulcros blanqueados. Nuestro batallar con el deseo por fuerza de resolución es en vano, pues todo eso, no obstante el esfuerzo exitoso para suprimir el pecado que pueda ser, en la vida externa o en el deseo interno, sólo terminará en engaño, pues por la fuerza de resolución no podemos amar.
Tales esfuerzos para vencer el pecado son totalmente fútiles, y nada escriturales. La Biblia expresamente nos enseña que el pecado es vencido por la fe en Cristo. "Ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (1 Co. 1:30); es Él "el camino, y la verdad, y la vida" (Jn. 14:6). Se dice de los cristianos que van a purificar por la fe sus corazones (Hch. 15:9). Y en Hechos 26:18 se afirma que los santos son santificados por la fe en Cristo. En Romanos 9:31-32 se afirma que los judíos no alcanzaron la justicia "porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley". La doctrina de la Biblia es que Cristo salva su pueblo de pecado por la fe; que el Espíritu de Cristo se recibe por la fe para que more en el corazón. Es la fe que obra por amor. El amor es forjado y sostenido por la fe. Por la fe los cristianos vencen al mundo, la carne y al diablo. Es por la fe que ellos apagan "todos los dardos de fuego del maligno" (Ef. 6:16). Es por la fe que se ciñen de Cristo y se despojan del viejo hombre y sus obras. Es por la fe que peleamos la buena batalla, y no por resolución. Es por la fe que estamos de pie, por resolución caemos. Ésta es la victoria que vence al mundo, incluso nuestra fe. Es por la fe que la carne es reprimida y los deseos carnales sometidos. El hecho es que es simplemente por la fe que recibimos el Espíritu de Cristo para que obre en nosotros para querer y hacer de acuerdo con su buena voluntad. El derrama su propio amor en nuestros corazones y por eso los enciende. Cada victoria sobre el pecado es por la fe en Cristo, y cuando la mente es desviada de Cristo, al resolver y pelear contra el pecado, estemos conscientes o no, estamos actuando con nuestra propia fuerza, rechazando la ayuda de Cristo, y estamos bajo un error engañoso. Nada más que la vida y energía del Espíritu de Cristo dentro de nosotros puede salvarnos de pecado, y confiar es la condición uniforme y universal de la operación de esta energía salvadora dentro de nosotros. ¿Cuánto tiempo este hecho será por lo menos pasado por alto por los maestros de religión? ¿Cuán profundamente enraizadas en el corazón del hombre están la santurronería y la dependencia de uno mismo? Tan profundamente que una de las lecciones más difíciles para que el corazón humano aprenda es renunciar a la dependencia de uno mismo y confiar enteramente en Cristo. Cuando abrimos la puerta por confianza implícita Él entra y hace habitación con nosotros y en nosotros. Al derramar su corazón da vida a nuestras almas hacia la compasión con Él mismo, y de esta forma, y sólo en esta forma, purifica nuestros corazones mediante la fe. Sostiene nuestra voluntad en la actitud de devoción. Nos vivifica y regula nuestros afectos, deseos, apetitos y pasiones, y se vuelve nuestra santificación. Mucha de la enseñanza que oímos en oración y en reuniones, desde el púlpito y la imprenta, es tan confusa como si consideramos escuchar o leer tal instrucción como bastante dolorosa para ser soportada. Tal instrucción se calcula para concebir engaño, desánimo y un rechazo práctico de Cristo como se presenta en el evangelio.
¡Ay! Por la ceguera que lleva a desconcertar el alma que está añorando la liberación del poder del pecado. A veces he escuchado la enseñanza legalista sobre este tema hasta que sentí como si debiera gritar. Es sorprendente a veces oír a cristianos quejarse de la enseñanza que aquí he inculcado que nos deja en un estado pasivo, para ser salvos sin ninguna actividad. ¡Qué tinieblas hay en esta objeción! La Biblia enseña que al confiar en Cristo recibimos una influencia interna que estimula y dirige nuestra actividad; que por la fe recibimos su influencia purificante en el mero centro de nuestro ser, que mediante y por su verdad revelada directamente al alma Él vivifica todo nuestro ser interior hacia una actitud de una obediencia amorosa; y esto es la manera, y la única forma practicable, para vencer el pecado. Pero alguien puede decir: "¿Acaso el apóstol Pablo no exhortó diciendo "ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad"? ¿Acaso no es una exhortación hacer lo que en este artículo usted condena?" De ningún modo. En el versículo 12 del segundo capítulo de Filipenses Pablo dice "por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad". No hay ninguna exhortación para obrar por la fuerza de la resolución, sino a través y por la obra interior de Dios. Pablo les había enseñado, mientras estaba presente con ellos, pero ahora en ausencia, los exhorta a cuidar su propia salvación, no por resolución sino por la operación interna de Dios. Esto es precisamente la doctrina de este artículo. Pablo había enseñado muy a menudo a la Iglesia que Cristo en el corazón es nuestra santificación, y que esta influencia se recibe por la fe, para ser culpable en este pasaje de enseñar que nuestra santificación es forjada por resolución y esfuerzos para suprimir hábitos pecaminosos y formar hábitos santos. Este pasaje felizmente reconoce tanto la agencia divina y humana en la obra de la santificación. Dios obra en nosotros para querer y hacer, y al aceptar por la fe su operación interna, nosotros querremos y haremos por su buena voluntad. La fe en sí misma es un agente activo y no pasivo. Una santidad pasiva es imposible y absurda. Que nadie diga que cuando exhortamos a la gente a confiar totalmente en Dios enseñamos que cualquiera debe ser o puede ser pasivo en recibir y cooperar con la influencia divina por dentro. Influye en el libre albedrío, y como consecuencia, hace esto por la verdad, y por la fuerza. ¡Ah! que pueda ser entendido que toda la vida espiritual que está en cualquier hombre se recibe directamente del Espíritu de Cristo por la fe, como el pámpano recibe su vida de la vid. ¡Fuera esa religión de determinaciones! Es un lazo de muerte. ¡Fuera ese esfuerzo de hacer la vida santa mientras el corazón no tiene en él el amor de Dios! ¡Ah! que los hombres aprendan a ver directamente a Cristo mediante el evangelio y muy alrededor de él por un acto de confianza amorosa como para incluir una simpatía universal con el modo de pensar de Él. Esto, y sólo esto, es santificación.