Lamentamos
no tener en el país(X) una voz profética lo suficientemente fuerte, que
exhorte, consuele y edifique al pueblo de Dios en general.
Los
Congresos Cristianos Internacionales, que de tiempo en tiempo se
realizan en diversos países, están íntimamente relacionados con la MCI -
Misión Carismática Internacional, fundada por el pastor César
Castellanos, de Colombia.
El pastor César Castellanos y su esposa pertenecen también a un partido político, llamado Partido Nacional Cristiano.
La
MCI es conocida como un Movimiento de Células; y casi se pasa por alto
que es un movimiento carismático. No tenemos nada en contra de nuestros
hermanos carismáticos; pero, es cierto que muchos hermanos no
carismáticos se entusiasman con la idea del crecimiento celular,
ignorando el trasfondo carismático de esta Misión.
En Venezuela está el apóstol Guido Raúl Ávila, con un ministerio semejante: CCN Internacional.
Es importante para comprender el tema, que estos ministerios constan de tres brazos:
a) La obra y base de la Misión en Colombia y Venezuela (iglesias con miles de miembros);
b) La tarea de propagación de la Visión en el mundo (Los Congresos); (*)
c) Los Encuentros de tres días, llamados ‘Encuentro con Dios’.
Dice Charles G. Finney en su libro ‘El Avivamiento’:
“Otra
razón por la cual Dios requiere la oración en quebrantamiento y
humillación es que es el único modo en que la iglesia puede ser
preparada debidamente para recibir grandes bendiciones, SIN SER
PERJUDICADA POR ELLAS. Cuando la iglesia está postrada en el polvo
delante de Dios, y está en la profundidad de la agonía en oración, LAS
BENDICIONES LE HACEN BIEN. Mientras que, si recibe la bendición sin esta
postración profunda del alma, SE ENVANECE Y SE LLENA DE ORGULLO. Pero
así, en la actitud correcta, aumenta su santidad, su amor y su
humildad”.
Lamentablemente, este macro movimiento evangélico, en
el cual están involucrados y comprometidos algunos cristianos
considerados famosos y de peso, apela al ego y a la exaltación del
hombre, poniendo a Dios a nuestro servicio.
Por esta razón tienen tanto éxito aparente y convocan a grandes multitudes.
Su lema oculto es: "Demos al público lo que anhela escuchar y sentir".
Esto
resulta en una fuerte tentación a involucrase y produce resultados
espectaculares a corto plazo, olvidando que a largo plazo contamina e
intoxica la vida espiritual. (Como las drogas que algunos atletas
ingieren para ganar los juegos olímpicos).
Steve Hassan,
profesor en la Universidad de Cambridge, define como SECTA a cualquier
grupo, religioso o no, que utilice técnicas de control psicológico para
suprimir la personalidad e inhibir el juicio crítico y la libertad de
decisión.
Establece cuatro criterios para la MANIPULACIÓN MENTAL:
1. Control de la Conducta;
2. Control de las Ideas;
3. Control de la Información;
4. Control de las Emociones.
En
esta doctrina hay prácticas de la Nueva Era y esoterismo. En los
escritos de Castellanos, que examiné someramente, no encontré -en
apariencia- los elementos perniciosos que se han incluido en los
Encuentros en Buenos Aires.
Esto último sí pude comprobarlo personalmente:
Uno
de ellos es que te hacen sentar en el suelo, en cuclillas, con los ojos
cerrados y utilizando la voz de una mujer y luego la voz de un hombre a
través del micrófono y en medio de un silencio sepulcral, te hacen
retroceder año por año en tu vida, hasta el feto mismo.
Luego,
hacen que perdones a tu pastor, a tu padre, a tu madre u otro familiar,
abrazando a un hombre y a una mujer allí presentes, perdonándolos a
ellos, quienes personifican a tus ofensores, llorando, etc. Lo grave es
que, si tu familiar ha fallecido, estarías ‘hablando’ con un muerto.
Te
piden que completes una lista de pecados de tus ascendientes, por
generaciones -las prácticas o pecados que ellos cometieron, que son de
tu conocimiento. Si no lo haces, la maldición generacional te alcanzará.
También, todos los pecados que cometiste cuando eras inconverso y en tu
vida cristiana, superados o no.
Luego realizan una ceremonia
macabra, quemando en el fuego un féretro, que simboliza al viejo hombre y
cantan: "El viejo se murió" (Pero en realidad, hay que crucificarlo
todos los días, de acuerdo a la enseñanza de la Palabra de Dios).
Tienes
que hacer un pacto de silencio y no puedes contar ni a tu esposa, lo
que sucedió en esos tres días. (Las cosas del Señor no se hacen en
oculto; todo se hace a la luz).
Media hora después de comenzado
el primer culto, hay que entregar los relojes; pierdes el control del
tiempo, te hacen acostar muy tarde y levantar muy temprano; la comida es
frugal o liviana.
Imagínate: poco comido, poco dormido, sin
control del tiempo, con una música constante en forma subliminal
prácticamente las veinticuatro horas, tus defensas están bajas; y, si te
estimulan a tirarte al suelo y reírte a carcajadas, lo haces.
Sentado en tu asiento te dicen que abras las piernas y vomites el pecado. (No sabía que el pecado reside en el estómago).
Tiran
al aire vino tinto que mancha las ropas, diciendo que recibas el gozo.
Se comenta que en el Congreso Ministerial efectuado en Argentina en el
mes de marzo de 2003 hicieron algo parecido; he visto y escuchado
algunos de los mensajes dados en ese Congreso, a través de un canal de
TV cristiano.
Lo peor es que vuelves ‘inflado ‘lleno’, con una
experiencia ‘superior’. El que no asistió al retiro, no está en la misma
‘onda’.
Al regreso cantan: "Un minuto de silencio para el
diablo, que está muerto" (Pero bien sabemos que no está muerto; está
como león rugiente, esperando devorar a alguno).
Parece que ahora, la estrategia de satanás es mezclar mucha verdad con un poco de mentira; y uno se traga el ‘paquete’ entero.
Pudiera
argumentarse de que hay que examinar todo y retener lo bueno; pero, no
es lo mismo equivocarse al hacer un postre y ponerle un poco de sal en
vez de azúcar, que equivocarse y ponerle un poco de cianuro. A nadie se
le ocurriría probarlo, para retener lo bueno.
Luego regresan a sus iglesias con exigencias, producto de otro pacto que les hacen firmar, con firma y aclaración.
Lamentablemente
-es parte de la estrategia- cuando yo preguntaba quién organiza esto, o
cuál es la institución/organización que está detrás de los Encuentros,
nadie me sabía decir nada.
Todo era un misterio. Mi esposa no
podía contarme nada, porque había hecho un Pacto de Silencio, con firma y
todo. Hasta que su fidelidad al Señor y su inmenso amor por mí hicieron
que me contara las cosas horribles que había experimentado allí.
Me
dijo uno de los responsables de parte de la organización -el cual se
desvinculó sufriendo depresión y confusión como luego me confesó- que
hay un gran negocio detrás de todo esto.
Reúnen unas 100/150 personas en cada retiro -que puede realizarse cuatro veces al mes- y cobran a cada uno $50.- (La tarifa actual ronda los $70.-).
Calcule
usted: 50 x 100 = 5,000. El costo para los organizadores es de $2,000
Sobran $3,000, multiplicado por cuatro veces al mes = $12,000.
Me
comentaron que el pastor que organizó estos Encuentros en Zona Sur tiene
ahora una 4x4; ya no se reúnen más en el lugar habitual, porque les
quedó pequeño...
Prosperidad a costa de Fidelidad a Su Palabra es un precio que no estoy dispuesto a pagar.
Otro
de los comentarios que escuché es que la cantidad de personas que
concurre a esa asamblea tiene un gran porcentaje de personas que antes
se congregaban en otras iglesias...
Todos experimentan una
‘espuma’ de entusiasmo y espiritualidad que luego -por más que oren,
lean y velen- se pierde. Y esto es natural; porque lo que verdaderamente
vale es lo que perdura.
Es como que yo cobro el aguinaldo, me
voy de vacaciones y gasto todo lo que cobré; ni una postal pude traer a
casa, porque todo lo gasté allá. Pero bueno, me queda el recuerdo de
haber estado en un lugar paradisíaco, haber disfrutado de cosas hermosas
y haber tenido el necesario descanso. Creo que como cristianos debemos
aspirar a mucho más que esto.
Con el tiempo, se experimentan
contradicciones acerca de lo aprendido; al contrario, se descubre que el
diablo está bien vivo y que 'el viejo' todavía goza de buena salud. La
armadura se oxidó.
Al principio, esto se responde con el
argumento de que no todos los que van reciben la bendición. Luego, se
razona diciendo que esto hay que alimentarlo, así como se riega una
tierna planta. Pero luego, la situación se torna insostenible.
El
tiempo demuestra que todos experimentan esta desilusión, primero
guardada en secreto y luego comentada con quien tienen más confidencia.
No son todo lo que les aseguraron que son.
Era mejor ser pollo de campo que de laboratorio; aprendiendo de a poco, creciendo más lentamente, pero seguro.
Y
no pollos engordados rápidamente, en forma artificial, con grasa y
hormonas que, luego al ser puestos en el horno de la aflicción se
desinflan y resultan más chicos que el pollito de campo.
Por su tamaño grande parecen maduros, pero por dentro no tienen experiencia, ni alimento adecuado a su edad real.
En
una congregación cercana con sus anexos, de ciento cincuenta personas
que concurrieron -hay retiros exclusivos para varones y para mujeres-
cincuenta personas, en su mayoría inconversos simpatizantes, ya no
asisten más a los cultos de la iglesia.
Ochenta de las cien restantes, en su mayoría creyentes, hoy son personas mundanas, aunque siguen asistiendo.
Y
las veinte personas restantes, a las cuales en un principio les fue
bien en el retiro, hoy están deprimidas y confundidas; entre ellas, el
colaborador del pastor, que es quien me lo comentó.
También me
dijo que, si se efectuase una denuncia policial contra los
organizadores, todos irían presos, por ser considerados una secta
peligrosa.
Hablamos de sectas nuevas, pero son las viejas y falsas enseñanzas de todos los tiempos, disfrazadas de novedad.
Escribe
el apóstol Pablo en 2° Corintios 4.2: "Renunciamos a lo oculto y
vergonzoso, no andando con astucia, ni presentando engañosamente
(dolountes -1389) la Palabra de Dios".
La idea es que Pablo
nunca disfrazó o nubló el Mensaje de La Palabra de Dios, dándole un
significado engañoso, fraudulento, convenciendo al público para su
propio provecho personal.
Es posible que, al pasar de iglesia en
iglesia y por distintas denominaciones, se corrompa el sentido original
de estos retiros; pero los Congresos parecen confirmarcon más suavidad-
lo que sucede en estos Encuentros.
También, pudiera ser una
estrategia el no consignar por escrito, no dejar constancia, de las
prácticas que se realizan en los llamados ‘Encuentro con Dios’.
(*) Otra variante sería la organización de reuniones en hoteles, denominadas ‘Hombres de Valor’.
DESCRIPCIÓN DE UN ENCUENTRO
Lo
primero que uno oye hablar es acerca de los Encuentros: ‘Encuentro con
Dios’. Te dicen que es algo que nunca experimentaste; que lo necesitas,
que te hará bien. Que no te pueden comentar qué es; pero que son tres
días de mucha bendición, en los cuales Dios te va a hablar. Que tienes
que prepararte para ello. Debes asistir al Pre-Encuentro. De últimas, si
no has podido asistir al encuentro previo, lo más importante es que
debes estar en oración, para que Dios esté preparando tu vida para esos
tres días, en los cuales tu vida cambiará.
Claro, uno se resiste
al principio, porque parece una invitación a convertirse a Cristo. Pero
te invitan a ti, que ya eres del Señor. También te aclaran que allí van
todos: creyentes e inconversos.
No puedes ir con tu propio
automóvil, ni en tren, tampoco en bus. Tienes que aceptar viajar en los
buses arrendados especialmente para la ocasión.
Deberás abonar una suma, que no es ni mucho ni poco; es una cifra respetable: $ 50= o U$S 50=
En
todos los casos el Encuentro con Dios se realiza desde el viernes a la
noche hasta el domingo a la tarde, en un lugar muy apartado. Cuando uno
llega al lugar, se da cuenta que, aunque quisiera, no puede regresar por
sus propios medios: estás en medio del campo, en una ruta alejada. Se
experimenta un cierto temor, una cierta indefensión; pero ya es tarde.
“¡Bienvenido! Hombre de Valor” Ésta es la credencial que nos entregan al ingresar al Encuentro de Varones, ya que no es mixto.
Ingresas
a un salón previamente dispuesto, con altoparlantes poderosos y música
suave grabada, que se escucha constantemente incluso, cuando habla el
orador, cuando se está desayunando, almorzando, merendando y cenando; y
también muy tarde por las noches, cuando cada encuentrista se retira en
silencio a descansar.
La presentación es típica de una empresa
piramidal, de aquellas que te ofrecen la venta de un producto
sensacional, como ser, un champú que sirve para lavar el carro, los
platos, el piso y aun el cabello; también, sirve para lavar la ropa.
“Cada
veinte/ treinta minutos Dios te va a sorprender” repite el presentador
constantemente, con una voz fuerte y animosa, típica de un programa
televisivo. “¿Cómo es el Encuentro?” (Y él mismo te enseña a responder)
“¡Tremendo!”. Otra vez: “¡El Encuentro es Tremendo!” La voz del que
habla es cada vez más fuerte; tanto, que algunos buscan sentarse más
atrás, para estar lo más alejado posible de los altoparlantes.
Todos
están expectantes, intimidados, asustados, tensos, con dudas. Te
enseñan que debes tener una actitud humilde; aquí no valen los títulos
ni los cargos; pastores y miembros son todos iguales; no hay ninguna
consideración especial para nadie.
Utilizan La Biblia y cierto
Manual, por el cual se guían en todo lo que realizan. En realidad, no
necesitan La Biblia, ya que los pasajes bíblicos están todos consignados
por entero en el Manual, junto con las citas bíblicas.
Al
principio, las enseñanzas parecen todas bíblicas; con una tendencia
claramente carismática. Pero esto se asume con cierta naturalidad.
Además, quien ha decidido en último término asistir al Encuentro, eres
tú mismo. Así que, te adaptas o te adaptas. Más te vale ‘demostrar’ que
estás en la misma ‘onda’.
La enseñanza que comienza siendo
bíblica va incluyendo, de a poco, conceptos nuevos, que claramente
contradicen La Palabra de Dios. Pero es tan sutil el procedimiento que,
el que conoce poco Las Escrituras, es engañado con facilidad.
Aquí
habría que hacer un alto y relatar lo que ocurre antes de ascender al
bus que te llevará al lugar en donde se realizará el Encuentro. ¡Hay un
mundo de gente, bolsos de mano y buses esperando! La iglesia anfitriona
reúne a creyentes de otras iglesias, con o sin autorización de sus
pastores. Pero no va cualquiera; dado que cada uno es minuciosamente
detallado y recomendado por otra persona de confianza. Es muy difícil
que vaya alguno para ‘investigar’, para actuar como detective; a menos
que mienta hábilmente. ¿Y qué creyente querrá mentir, nada menos que
ante un Encuentro con Dios?
Una
persona habla al grupo de aspirantes a encuentristas y les da una serie
de advertencias, sin detallar lo que se realizará en el Encuentro. La
sensación que uno tiene es que será llevado a la sala de operaciones. La
tentación de escapar de este lío es muy grande; hasta el último
momento. Pero la presión de quienes te rodean, conocidos o no, también
es grande.
En el trayecto en bus, si se viaja con un conocido es
mejor; pero aun así todos llegan a conocerse y a formar una amistad.
Todos parecen contentos; pero están nerviosos. Comienzan a entonar
algunas canciones nuevas, pero muy sencillas, acerca de que el diablo
está vencido, la naturaleza carnal también.
Una vez llegados al
lugar del Encuentro, ya es oscuro; quien desee huir no podrá, porque no
hay una sola persona en todo el desolado lugar de campo. No hay ruta
conocida. Uno siente que está preso o secuestrado. Pero, como todos
estamos en la misma situación, nos animamos y consolamos los unos a los
otros, disimulando el nudo en la garganta. “¿Dónde me metí?” “Pero
bueno, ya estoy aquí; veré qué sucede”.
Lamentablemente, no
puedo afirmar que, “si no me gusta, me voy” ¿A dónde me iré? ¿Cuál es la
ruta? ¿Con qué medios de transporte?
Retomamos el relato de lo que ocurre en el recinto de reuniones.
Al
poco rato de estar sentados nos avisan, nos ordenan, quitarnos los
relojes, los celulares, grabadores, cámaras fotográficas, filmadoras,
radios portátiles.
Un inspector pasa por cada asiento y se lleva
todo. Recuerda que no puedes mentir; eres del Señor; serás confrontado
nada menos que con Dios mismo. Seguramente, si mientes te caerá un rayo
encima. Pero no es por el castigo divino; tú tienes ‘principios’ éticos y
espirituales. Por esta razón has asistido al Encuentro: porque quieres
más de Dios.
Como decía, la enseñanza está salpicada de textos
bíblicos: comienza siendo bíblica, pero va incluyendo, de a poco,
conceptos nuevos, que claramente contradicen La Palabra de Dios. Es tan
sutil el procedimiento que, el que conoce poco Las Escrituras, es
envuelto fácilmente.
Te hablan de la Parábola del Hijo Pródigo.
Su regreso al hogar. En vez de ajustarse al relato bíblico describen al
hijo llegando a las puertas de la casa de su padre.
Las puertas
son enormes, altas y gruesas. El hijo cae de rodillas al suelo, clama,
grita, llora, llama a su padre… ¡qué figura! ¡Cómo impacta! Parece más
bonita que la figura pintada en Las Sagradas Escrituras. Porque una
buena parte de la expectativa se rompe, cuando leemos que ya el padre lo
estaba esperando y que, viéndolo de lejos, corre a recibirlo.
Pero
la figura que te pintan, ajena a La Escritura, contiene una fuerte
carga emocional: el hijo ruega al padre, para que éste lo reciba
nuevamente en casa; el padre no oye, porque los muros son altos y las
puertas son gruesas. En realidad esto atrae, porque los méritos recaen
en el hijo, que se esfuerza en lograr la atención de su padre. La
realidad es muy distinta: es Dios que busca a la humanidad, es el Señor
quien se esfuerza hasta la muerte, para labrar nuestra Salvación.
Los
cambios sutiles se suceden uno detrás del otro. Te dicen que debes
ponerte de rodillas, con la frente en el suelo y clamar a Dios por tu
vida, hasta que Él se digne a escucharte; si lloras, gimes, luchas como
lo hizo Jacob en Peniel, hasta vencer a Dios y obtener la Bendición.
Ahora
eres un gusano y te arrastrarás por la tierra; no vales nada; eres un
miserable pecador. Tus títulos y cargos no sirven, no eres nadie.
No
quiero que me laven el cerebro; hago como que tomo notas, utilizando la
birome y un cuaderno que nos fueran entregados, y a escondidas anoto:
“Esto no es cierto, La Palabra de Dios dice así y así; esto tampoco
acepto, lo rechazo, es contrario a Las Escrituras”. Cada frase sacrílega
que afirman y repiten es rechazada por mí, con otra frase basada en La
Santa Biblia. ¡Cómo agradezco el haber leído y estudiado
concienzudamente Su Palabra! ¿Qué hubiera hecho, sin el conocimiento
bíblico? ¿Con qué argumentos mi mente y mi corazón se hubieran
defendido?
Uno tras otro se suceden los disertantes, y somos
bombardeados con nuevas ideas, sin darnos tiempo para meditar y razonar,
si estas cosas son así (Hechos 17.11). En un momento dado presentan al
principal del Encuentro, el cual dará la disertación central. “Lo
recibimos con un fuerte aplauso a Cristo” Todos tienen que aplaudirlo;
se incentivan los aplausos afirmando (¡increíble!): “Ud. está
aplaudiendo al mismo Dios”, “Usted está aplaudiendo a Cristo”.
“Ríete”
te dicen; “mañana no serás el mismo”. Di a ti mismo: “Yo no seré el
mismo”. “Mira a tu compañero de asiento y ríete; larga una carcajada y
ríete; no vas a ser igual”.
“Es tiempo de Confrontación”. “Has tenido problemas con el faraón, para venir aquí”. “Dios espera que dispongas tu corazón para:
1) Tres días de confrontación;
2) Encuentro genuino con Jesucristo,
3) Comprender quién eres y para qué eres.
4) Un lugar de transformación;
5) Éxito: depende de ti el éxito de tu encuentro con Dios;
6)
Atrévete a confiar”. “Él tratará contigo, aun cuando duermas”. (Anoto
en mi cuaderno: Todo esto mismo se podría decir, sin gritar tanto).
Viene
la sorpresa: “Ya le entregaste tu reloj, tu celular, tu tiempo, tu
familia; ahora Él quiere, pide, tus palabras”. “¿Te animas a entregarle a
Dios tus palabras?”. “Vamos a hacer un pacto de silencio”. “No
conversarás con tus hermanos en estos días, no desarrollarás ninguna
conversación”. “Sólo puedes hablar con un colaborador”.
“Sí puedes declarar tu alabanza o consignar afirmaciones por escrito”.
“Di ahora: ‘Prometo no entrar en diálogo con mi hermano; ofrendo a Dios mis palabras”
El
primer día es confrontación, Betel y una segunda oportunidad: Peniel.
Así como Jacob reconoció que había perdido lo que había encontrado en
Betel por gracia, ahora en esta segunda oportunidad, Peniel, la
Bendición la habrá de obtener por luchar.
El segundo día es muerte y sepultura. “Hoy es el día más importante de tu vida”, te dicen.
Anoto
en mi cuaderno: ‘Al fin, el encuentrista se adapta, se somete, porque
vino para recibir más de Dios. Pero sucede como cuando uno va al
restaurante y es mal servido por el mozo. Para no arruinar el momento de
la comida y pasarla mal, uno se resigna a los malos tratos’.
“Ahora
vas a vomitar tu pecado. Abre tus piernas”. Decenas de servilletas o
pañuelos de papel son distribuidos. Algunos comienzan a vomitar y los
asistentes pasan asiento por asiento limpiando el suelo. ¿Cómo pudo
suceder esto? La presión sicológica es muy grande y uno asiste ya
predispuesto a todo. Y si no venías predispuesto, conocen ellos los
mecanismos que tienen que accionar para tu quiebre.
“Te vas a
sentar en el suelo, en círculo. Tienes que cerrar tus ojos” Una voz de
mujer comienza a hablar y luego se escucha la voz de un varón. Te hacen
descender año tras año, describiendo las generalidades de tu vida,
imaginando los problemas que has tenido, hasta el feto mismo. La voz de
la mujer puede representar a tu madre o abuela. La voz masculina puede
significar a tu padre o abuelo (ya fallecidos o no) o a tu pastor. Te
invitan a perdonarlos. Tienes que acercarte a esa mujer y a ese hombre,
por turnos uno a uno y decirles que los perdonas, como si fueran ellos
las personas a quienes tú perdonas.
(En un ambiente de tanta emotividad y presión, si te dirían que perdones al diablo, lo harías).
Un
joven comienza a reírse a carcajadas, se tira al suelo. El disertante,
lejos de molestarse, lo celebra. Es una buena propaganda de lo que se
está logrando. Otros comienzan a hacerlo también.
¿Qué hora es?
Nadie lo sabe, pero debe ser muy, muy tarde. Ninguno puede hablar; es
todo un silencio, lo mismo cuando vas a tu habitación. En los baños ya
no hay papel higiénico; todo ha sido usado para secarse las lágrimas.
Todos lloramos, ¡sí, yo también! Es que te presionan tanto, te dicen
tantas cosas; te sientes una basura y recuerdas situaciones tristes de
tu vida. Porque hay un elemento a favor de los disertantes: saben que
todos somos pecadores; y aprovechan esa circunstancia. Te usan; ésa es
la expresión más exacta. Pero, ¿no hacen lo mismo muchos pastores en sus
cultos?
Los pañuelos que has traído contigo están todos
mojados; así que, recibes con agradecimiento los pañuelos de papel que
distribuyen, los cuales son reemplazados continuamente.
Todos
lloran: en el recinto, en los baños, en el lugar de la frugal cena, en
el sendero que te lleva a tu habitación, en las habitaciones, en cada
cama. La música no para nunca.
Pero yo burlé a la vigilancia;
desconfiado, previamente escondí un reloj en la mochila que dejé en mi
habitación. No mentí; en el salón no lo tenía. Disimuladamente miro la
hora: dos y media de la madrugada. A las siete de la mañana estaremos
nuevamente en pie…
Todos desayunamos en silencio; mucha gente,
pero nadie conversa, nadie emite una sola palabra. Y la música… la
música se escucha en tu habitación, en el salón de reuniones, en los
baños, en el comedor, en los senderos: “Tus Ojos revelan que yo, nada
puedo esconder… sé que es Tu fidelidad”. La canción se repite una y otra
vez, sin fin.
2) Otra
vez ocurren las mismas cosas en el salón de reuniones. Hay gente que
ríe descontroladamente, que se tira al piso. Otros lloran todo el
tiempo. Tienes que marcar con una X los pecados que has cometido en tu
vida, perdonados o no, antes o después de tu conversión.
Bueno,
tu conversión, tu bautismo y membresía y aun tus cargos no sirven para
nada aquí. Porque te están predicando nuevamente; ya me convencí con
horror que el mensaje que escuchamos no es para los ocasionales
inconversos aquí presentes; es para los creyentes especialmente. Porque
solamente la presentación que ellos hacen del Evangelio es lo que tiene
valor; lo que te han predicado en tu iglesia no sirve para nada.
También,
tienes que marcar con una X los pecados de tu madre, tu padre, tus
abuelos, abuelas, bisabuelos, tatarabuelos y los ascendientes que
recuerdes. No debes olvidarte de ninguno. Todo pecado no confesado no
será perdonado. Debes levantar en alto las listas de pecados y renunciar
a ellos.
Por en medio de la nave central del salón aparece ¡un
féretro! transportado por cuatro personas. Instintivamente, uno mira
dentro del féretro, para ver si hay un cadáver allí dentro. Porque a
esta altura de la reunión ¿o de la sesión? uno puede esperar cualquier
cosa.
Nos inclinamos para mirar… pero nos indican que el cadáver
somos cada uno de nosotros, el ‘viejo hombre’. Dentro del féretro
tiramos las listas de los pecados y acompañamos a la comitiva fúnebre,
al ‘cementerio’.
En el ‘cementerio’ nos encontramos con una
inmensa fogata. El féretro con los papeles dentro, que contienen las
listas de pecados de todos los asistentes y de todos sus familiares, es
tirado a la fogata. Una persona tira su chaqueta, otra tira un pulóver,
algo personal. El fuego se eleva aún más. “El que no salta es un viejo,
el que no salta es un viejo” Y todos saltan, saltamos.
“Se
murió, el viejo se murió, el viejo se murió, el viejo se murió. Se
murió…”. Todos cantan enloquecidos; la presión a que hemos sido
sometidos se desinfló. La gente está feliz…
Confrontación, Betel, Peniel, Muerte (hoy sábado 21 de setiembre es Día de la Primavera) y mañana domingo, Resurrección.
Regresamos
al salón. Dividen a la multitud en dos bandos: los que tienen el
Bautismo del Espíritu Santo con la evidencia del hablar en lenguas y los
que no, en ambos extremos del salón, con las sillas apiladas aparte.
Los
que no han recibido el Bautismo mencionado tienen que cerrar sus ojos.
Yo los cierro y entrelazo mis manos hacia adelante. Me corrigen: los
brazos a ambos costados, libres. Mi única manifestación fue llorar y
reírme un poco. Pero todo lo demás lo rechacé. Con tanta presión
sicológica creí tener una visión: un montón de basura increíble y una
Persona vestida de blanco que aparece, que me pareció era el Señor.
Pero
no permitiré que me quiebren. Conozco las técnicas de lavado de cerebro
y quiebre mental. Leí mucho acerca de los cristianos perseguidos en los
países en donde funciona la iglesia subterránea. Instruyen al otro
grupo para que, al contar uno, dos, tres y ¡ya! todos corran hacia el
otro extremo del salón, en donde estamos nosotros.
Con los ojos
cerrados percibo como si una manada de cientos de búfalos arremetiera
contra nosotros. También, me parece que son demonios, porque se
abalanzan contra nosotros gritando enloquecidos, furiosos. Uno me grita
en un oído, otra persona me grita en el otro oído. Un tercero grita
frente a mi rostro: “¡Recibe! ¡Recibe! ¡Recibe!”.
Me golpean en
el pecho, me empujan haciendo presión en mi frente, para que caiga hacia
atrás. Insisten, pero nada. Vienen refuerzos y, uno a uno, caen al
suelo; menos yo. Estoy contento. Vencí a todos los demonios; no pudieron
conmigo. ¡Gloria a Dios!
Por primera y única vez hacen pasar a
los pastores adelante. No podía creer que hubieran hecho esta
distinción; muchos sabrán ahora, que soy pastor de una congregación.
3) Nos
alineamos delante, y el principal con su esposa (que también hablaron y
representaron a los familiares en los círculos en el suelo) comienzan a
ministrarnos, mientras la música es puesta a todo volumen y los
asistentes gritan. Tal es la confusión, el ruido, la música y el
griterío, que no me doy cuenta cuando me ponen aceite en mi frente.
Apenas
escucho la oración que me están elevando. Como estoy con los ojos
cerrados, siento que mis piernas se aflojan, me baja la presión
sanguínea. Clamo al Señor: “No permitas que esta gente me venza; Tú
sabes que todo esto es presión sicológica, humana; si caigo al suelo
creerán que han tenido la victoria”
Pero no caigo al suelo.
Nadie, ni siquiera el principal pudo vencerme. Me siento victorioso,
fortalecido. Sin embargo, no soy tan necio para creer que fue mi
fortaleza. Fue el Señor que me dio la victoria. Ahora, estoy mejor
preparado para cuando en un futuro tenga que ser sometido a una presión
semejante, si llego a ser un cristiano perseguido como en otros países.
Luego
de esto, la alegría reina en el lugar. Todos (menos yo) comienzan a
bailar, a danzar, a reír, a gritar. Nuevamente la música es puesta a
todo volumen. Te dicen que, para recibir la Unción, debes tocar, abrazar
al principal; ya que la Unción se transmite de persona a persona.
Todos
se desesperan por tocarlo, como los católicos hacen cuando quieren
tocar y besar una imagen. Lo abrazan, lo tiran al suelo. La idolatría
que veo es repulsiva. Jamás haré cosa semejante. Recuerdo cuando a
Bernabé y a Pablo en Listra los llamaban dioses y trajeron guirnaldas y
querían ofrecerles sacrificios. Pero ellos rasgaron sus ropas y dando
voces les dijeron: “Nosotros también somos hombres semejantes a
vosotros” (Hechos 14.11-15). No, ellos no aceptaron la gloria que sólo
le pertenece al Señor.
Ahora reina la alegría; todos están
contentos. Hoy es día de Resurrección. El principal llena una vasija con
vino tinto. Y comienza a tirar el vino por todo el salón, manchando las
ropas de los asistentes (menos a mí, que me he alejado). “¡Reciban la
Unción, reciban el Gozo!”
Increíble, te entregan un Certificado
de Nacimiento: “En la Ciudad de… a los… días del mes de… del año…
CERTIFICO el nacimiento de… Y para que así conste, firmo el presente”.
¡Tú mismo debes firmarlo! ¡Debes hacerte responsable! Pero, ¿acaso no he
nacido de nuevo cuando entregué mi vida al Señor Jesucristo, a la edad
de trece años? Si ahora certifico mi nacimiento (¿quién soy yo para
certificarlo? es el Espíritu Santo el que da testimonio, Romanos 8.16)
entonces debería ser también bautizado.
Te reparten otro
documento: “PACTO – Responsabilidad sin límites – Una entrega total”
“Yo… me comprometo a firmar bajo un pacto:
- A ser parte de un equipo y trabajar en unidad, desechando todo inividualismo.
- Tendré en cuenta al equipo, ante cualquier decisión.
- No buscaré el beneficio propio, sino el del equipo”.
Siguen otros compromisos, de consagración, perdón. Finaliza el documento:
“Bajo esta declaración, y en forma voluntaria y responsable, firmo delante de Dios y de la iglesia, mi compromiso”.
Te
entregan una carta de parte del principal que, entre otras cosas, dice:
“Sé que este tiempo fue un tiempo para parar de muchas rutinas diarias,
para participar de este ENCUENTRO, lo cual lo podemos describir con
estas palabras: que es TREMENDO… Esto sólo es el comienzo de algo
TREMENDO y maravilloso. Y vemos detrás a multitudes llegando a los pies
de CRISTO a través de tu vida y ministerio”.
Finaliza el pacto
de silencio, ahora podemos hablar, conversar. Recibimos una sorpresa: la
correspondencia de nuestra familia y de nuestra congregación y
amistades, preparada de antemano. Se viene el regreso al salón de la
iglesia anfitriona, la que recibió el dinero de cada uno de los
participantes; que, descontando los costos les deja una ganancia del 60 %
de lo abonado.
En el trayecto de regreso se entona: “Un minuto
de silencio para el diablo, que está muerto” (Pero La Biblia dice que el
diablo está como león rugiendo – 1º Pedro 5.8).
Allí nos
esperan nuestros familiares, a puertas cerradas. Porque en un momento
dado, las compuertas de la capilla se abren y entramos nosotros, los
‘hombres de valor’ los nuevos hombres, los santos, los llenos del
Espíritu, los vencedores, los nuevos líderes, los espirituales.
Porque así como te humillaron en el Encuentro, también te exaltaron hasta lo sumo, para que en el nombre de…
Y comienza el baile; todos bailan, danzan, hacen el trencito. Luego vendrá el Post-Encuentro. Pero nunca más me verán allí.
4) En
la iglesia que pastoreo me veré en un grave problema: los hombres de
valor me citan para anunciarme que quieren conformar ellos una Junta
pastoral y todo lo deberé consultar con ellos, los cuales tomarán las
decisiones.
Nuevamente tuve victoria en el Señor. Dios deshizo
la obra del enemigo. Pero lamento en el alma que dos familias se
retiraran de la congregación. Tuve la inmensa alegría que el matrimonio
de una de ellas viniera después de un año, a pedir perdón. Ellos se han
mudado y viven muy lejos como para regresar a nuestra congregación.
Con
la otra familia, aunque no han vuelto, tenemos una excelente relación.
Hoy solamente quedan algunos conceptos errados que, de a poco, voy
corrigiendo.
Dije al principio que, lo primero que uno oye es
acerca de los Encuentros. Con el tiempo uno aprende que detrás de todo
esto está el Grupo G12, las reuniones en hoteles denominadas ‘Hombres de
Valor’, los Congresos ministeriales en donde te ministra un apóstol.
Mega iglesias, la Iglesia del Tercer Día, Maldiciones generacionales y
tantos términos nuevos.
Tuve que asistir también, porque sin
avisarme y sin mi conocimiento empezaron a robarme uno a uno los
miembros, para concurrir al Encuentro. Cuando me enteré de esto, corría
el peligro de sufrir una disgregación en la congregación. Y, si no
asistía, no tenía argumentos de primera mano.
Si bien es cierto
que el Señor eligió a doce varones para que fuesen sus discípulos, no
era un método; si así fuese, habría que admitir que le falló; ya que
quedaron solamente once.
No vemos a los discípulos enseñando
cada uno de ellos a otros doce y éstos, a su vez, a otros doce. Qué
extraño que en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas y epístolas
no se mencione en detalle tal método. Se habla de enseñar a hombres
idóneos para que, a su vez, éstos enseñen a otros. Pero no se menciona
el número doce. Tampoco Las Escrituras afirman que en cuarenta días tu
vida va a cambiar.