jueves, 26 de abril de 2012

¿Qué es “el mundo” y qué son “las cosas que están en el mundo”?


¿Qué es “el mundo” y qué son “las 
cosas que están en el mundo”?
“Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno. No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1.ª Juan 2:14-17)
“EL MUNDO”
El secreto de estos “jóvenes” radicaba en su “fuerza”, que no era la energía natural, la cual nada tiene que ver con la gracia, sino que estaban caracterizados por el vigor y el poder espiritual. Y lo que mantenía y controlaba esta fuerza era la Palabra de Dios que permanecía en ellos.
Ahora bien, estos mismos jóvenes son exhortados a no amar al mundo: “No améis al mundo.” ¿Por qué esta advertencia se dirige particularmente a ellos? No se dice lo mismo acerca de los “padres” ni de los “hijitos”. Más adelante se dirá mucho más respecto de los “hijitos”, pero a los “padres” no se les dice nada más aparte de repetírseles lo que ya se les dijo al principio. El carácter particular de estos últimos es como el de María cuando “se sentaba a los pies del Señor, y oía su Palabra” (Lucas 10:39). ¿No era esto estar lleno de Cristo? La Palabra de Cristo moraba en abundancia en ellos en toda sabiduría y entendimiento espiritual (Colosenses 3:16). Y no sólo eso, pues Cristo mismo, tal como era aquí manifestado, estaba habitualmente ante ellos como el objeto primario de gozo y de comunión con el Padre.
Pero estos jóvenes fuertes, reciben una advertencia: “No améis al mundo.” Puede parecer extraño que el apóstol Juan haya tenido que hacer esta advertencia a personas de semejante fuerza espiritual. Pero esta misma fuerza, por muy espiritual que fuere, crea un peligro.
Habían salido con un vigoroso deseo de esparcir la verdad y de dar testimonio de Cristo, sin temor, por la Palabra que permanecía en ellos, y por el poder del Espíritu Santo que obraba a través de ellos. Ahora bien, las mismas victorias obtenidas demuestran la existencia de un peligro, y los negocios con los hombres exponen al creyente a amar al mundo antes de saber hasta donde llegará su influencia sobre nosotros. Pues no debemos suponer que el amor al mundo es solamente una inclinación por las apariencias o el placer, la música o el teatro, la caza, las carreras de caballos, el juego o tal vez cosas peores.
El mundo es una trampa, mucho más sutil que la carne. Por ceder a los deseos de la carne, un hombre se desprecia a sí mismo, y otros que están intensamente dedicados al mundo, pueden sentir la vergüenza de esos caminos. Pero los «deseos mundanos» son otra cosa; se presentan como algo eminentemente respetable, pues ¿no es acaso lo que hace todo el mundo de cierto rango social?. Es apetecer aquello que agrada a la sociedad; desear lo que aquellos que son considerados luz, guías y personas carismáticas, piensan que es lo conveniente para los hombres y para las mujeres.
Este agradable atractivo ejerce una poderosa influencia, especialmente en los jóvenes, y en los jóvenes fuertes que conocen al Señor y que tienen el sincero deseo de hacer conocer la verdad. Por el hecho de haber recibido esas buenas nuevas para proclamar, ellos piensan que pueden ir a cualquier parte, pero adondequiera que vayan con este entusiasmo, el riesgo se hace presente. Conocen al menos a un Salvador desconocido por el mundo; y ¿adónde no podrían ir? En este celo, ellos son particularmente advertidos en cuanto al mundo.
Pero Dios no había hecho al mundo en ese sentido. ¿Qué es, pues, “el mundo”?. “El mundo”, en el sentido moral, es lo que el diablo elaboró después de la caída del hombre. El “mundo” comienza con Caín y su descendencia. ¿Qué vemos en Caín? Condenado a ser errante y fugitivo en la tierra, luchó para borrar esta sentencia, y construyó una ciudad; no contentos con vivir el uno por un lado y el otro por otro, él y sus descendientes sintieron la necesidad de unirse. «La unión hace la fuerza», dicen los hombres. Por otra parte, un hombre hábil maneja fácil y rápidamente las cosas para llegar hasta lo más alto; y muchos albergan la esperanza de subir estos escalones para llegar también algún día, de la manera que fuere o a cualquier costo. Dios y el pecado son rápidamente olvidados en estos esfuerzos.
Así también, Caín construyó una ciudad y la llamó conforme al nombre de su hijo. Se manifestaron el orgullo y la búsqueda de la satisfacción personal, como así también el deseo de agradar a los demás, sin tener ningún pensamiento respecto de Dios. De esta familia nacieron las grandes invenciones (Génesis 4). Un hombre de un espíritu que no se halló en Abel, y ni siquiera en Set, quien es sustituido por Abel, pero que se manifestó abundantemente en Caín y su progenie.
Aquí comenzó la poesía de la sociedad, cuando Lamec escribió de forma agradable para sus mujeres; pues fue él mismo quien introdujo la poligamia, y justificó el homicidio en caso de defensa propia, lo que podríamos llamar un poema dedicado a los objetos de sus propios afectos. No era Dios sino sus mujeres lo que ocupaban sus pensamientos en relación con los acontecimientos que más bien debían de haberlo afligido. Lamec no sólo hizo una apología de la historia de Caín, sino que halló en ella un pretexto para justificar su propio caso. Allí encontramos también el origen de la orgullosa vida de los nómades, y de los más civilizados deleites de los instrumentos de viento y de cuerda. De modo que, desde temprano, “el mundo” ya estaba en plena actividad. ¿No es éste el carácter “del mundo”? Sin duda que muchas cosas convenientes que se hallan en el mundo pueden ser utilizadas por un cristiano. Pero esta sola mancha negra tiñe “al mundo”: la ausencia de un Cristo que, despreciado por el mundo, es tanto más amado por los suyos. Cíteme una sola cosa del mundo sobre la cual Cristo ponga su sello de aprobación. ¿Dónde se encuentra todo lo que Cristo apreciaba? ¿Dónde está aquello en lo que Él vivía y lo que Él amaba?
Todo lo que está fuera de Cristo es capaz de ser un objeto para el corazón del hombre caído; y eso es el mundo. Algunos emprenden el estudio de Ciencias, otros prefieren Literatura; otros se sienten inclinados por la política. Desgraciadamente, ¡hasta es posible dedicarse a religión, a la obra y a la adoración del Señor, en un espíritu mundano, y de una manera egoísta, buscando o bien algún provecho para sí o fama con ello! y ¡de cuántas maneras los hombres buscan popularidad con estas cosas! Esto también es “el mundo”. El nombre del Señor tomado aparte de Su voluntad y de Su gloria no es ninguna salvaguardia. Algunos autores lo emplearon de esta manera: escribieron sobre asuntos relacionados con las Escrituras, pero ¿qué ganaron con ello? ya que aún permanecieron completamente sin Dios, y a menudo como enemigos declarados de Cristo.
Por lo tanto, el mundo se volvería un serio peligro para los espiritualmente jóvenes -por más fuertes que pudiesen ser-, si no mantuviesen un sentimiento siempre creciente de su relación con el Padre; pues hasta los “hijitos” tenían este conocimiento, los cuales se caracterizaban por el sentido de esa bendita relación, y se gozaban en ella. Ellos, como todos, tenían la seguridad del perdón. Si bien eran “hijitos”, añadían a este gozo el conocimiento del Padre, lo cual es un precioso privilegio. Pero vemos también que hay muchos cristianos que son avanzados en pensamiento, o que se consideran así, pero que, sin embargo, no se atreven a tomar ese camino. Pues éstos no tienen una seguridad total; y la mayoría de ellos invocan a Dios, pero no como “Padre” en el más pleno sentido, sino como “el Todopoderoso”, como “Jehová”, como “el Dios de Abraham…”, etc., como si fueran judíos. Todos deberíamos ver que ése es el estado de la Cristiandad hoy en día, especialmente de aquellos que se jactan en la antigüedad de la religión y en los grandes números dentro de ella. La Cristiandad tiene un carácter judaico. Pero Cristo, en el Cristianismo, lo saca a uno fuera de todo aquello que es terrenal, tanto de lo judaico como de lo gentil, y estampa Su nombre en él desde el principio de su nueva vida y a lo largo de toda su marcha peregrina. Como Él mismo dijo de aquellos que el Padre le dio: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16). Los que espiritualmente eran jóvenes fuertes son los que particularmente debían guardarse del “mundo”, porque, en su celo, éste podía convertirse en un objeto de valor a sus ojos. Podrían decir que su deseo era sólo el de ganar el mundo para Cristo, que su objetivo era hacer que el mundo conociese a Cristo y su Evangelio.
Sin embargo, es necesario que seamos dependientes de Él y guiados por su Espíritu para saber cuándo, adónde y cómo ir. No basta que nuestro propósito y nuestras metas sean buenos. El peligro principal del cual debemos cuidarnos es la manera de hacer las cosas. Siempre podemos fallar en “cómo” lo hacemos. El fin puede ser bueno, pero los medios deben estar también de acuerdo con la voluntad y con la Palabra de Dios. ¿Quién puede guiarnos y guardarnos en los medios que debemos adoptar? Únicamente Aquel a quien pertenecemos, quien obra en nosotros por su Palabra y su Espíritu.
“LAS COSAS QUE ESTÁN EN EL MUNDO”
Ahora bien, vemos que los “jóvenes” son advertidos no sólo de un modo general, sino que se les hace a continuación otra advertencia particular: se les exhorta a no amar “las cosas que están en el mundo”. Esto puede ser aún más insidioso y sutil que el mundo mismo. Tómese por ejemplo la religión del mundo, de las multitudes, de los grandes, de los nobles, de los sabios, de los eruditos. ¿Qué hombre natural se libra de caer en esta trampa, a menos que sea totalmente profano? Hasta el propio Caín tenía su adoración y su mundo en medio de las tinieblas y a la distancia de Dios. ¿Y no es ésta una muy seductora trampa para muchos creyentes, y una fuerte invitación a que pongan su “fuerza” en ello? Porque muchos cristianos dirían: «Yo no oso amar al mundo; pero aquí se me ofrece una apetecible oportunidad por medio de la cual se me permite hacer muchas más y mejores cosas que en cualquier otra parte, y hasta se me permite hablar, sin importar cuáles puedan ser las circunstancias o las asociaciones.» Pero esto implica compromiso de la verdad. Es, pues, una de las tantas cosas que “están en el mundo”, y que no debemos amar. Lo digo de nuevo: ¿qué puede ser más común que el error de tener un objeto particular que nos atrae, un «hobby» u ocupación predilecta, de la naturaleza que fuere, que no tiene ninguna vinculación auténtica con Cristo? Todas estas cosas se convierten en ídolos, porque, junto con nuestros conocidos deberes y relaciones, es Cristo quien tiene el derecho al amor supremo. Cristo es el objeto que nuestro Padre pone delante de nosotros, y, si nuestro ojo es sencillo respecto de Él, podemos estar seguros de que todo nuestro cuerpo estará lleno de luz (Mateo 6:22-23). Es imposible que un alma sea fiel a Cristo si tiene sus ojos puestos en Cristo y hace de Cristo el objeto de su trabajo y de su camino diario, pero toma aquello que Él no aprueba. Es menester que la Palabra de Dios permanezca en el creyente. Si uno se contenta sólo con emprender lo que le agrada a Cristo, Él seguramente le ayudará. Pero la enceguecedora influencia del mundo no falta, y el celo en el servicio puede transformarse en presunción y dar lugar al predominio de la propia voluntad.
Todo verdadero celo nos expone al peligro, y por eso se les formula la advertencia: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo”, seguida por esta otra muy solemne: “Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.” Juan a menudo presenta una cosa según su principio absoluto, sin hacer notar ninguna circunstancia que pueda alterarla. Cuando establece: “Si alguno ama al mundo”, no introduce ningún paliativo. Deja el principio intacto. Y si tus principios y tu camino práctico consisten en amar al mundo, el amor al Padre difícilmente pueda ser una realidad en ti. Pero cuando consideramos a los cristianos en su marcha práctica, vemos a menudo una triste mezcla. Los motivos que operan pueden ser buenos y malos, pero en esta Epístola no se nos presenta ese cuadro. Otras partes de la Palabra de Dios pueden encarar estos aspectos; pero la misión específica que aquí se halla asignada es la de presentar el principio correcto de una manera absoluta, así como también el principio erróneo. Por eso se establece que si uno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Esto es sano y verdadero, por cuanto supone uno u otro principio llevado a cabo.
El apóstol a continuación trata las diferencias particulares de los deseos respecto del mundo: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne” (la actividad propia del hombre interior) “los deseos de los ojos” (lo que me atrae fuera de mí), junto con la tercera trampa: ” y la vanagloria [el orgullo, la jactancia] de la vida”. Lo cual puede ser tratar de mantener una posición social en el mundo, costumbres y sentimientos que pertenecen al mundo. Tómese, por ejemplo, a un hombre de la nobleza, a un caballero, o a alguien de un rango social mucho mayor que le agradara ser así. Cuando se aman estas cosas, ¿dónde está Cristo? ¿Es posible asumir que Cristo apruebe en sus discípulos el rango natural que uno haya podido adquirir de la manera que fuera? ¿Qué quiso decir el Señor cuando afirmó: “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:14)? ¿Es el mundo aquello que el cristiano ha de conservar como una ofrenda agradable a Cristo?
Muchos cristianos mantienen así su dignidad, y la ofrecen, como dicen, a Cristo, ¡como si Él fuese a valorarla! ¿Es esto lo que el Señor expresó en las palabras que acabamos de leer, o es acaso la manera en que se condujeron los apóstoles u otros fieles creyentes? Para un corazón sencillo, purificado por la fe, ¿qué es lo que más cala hondo en su vida práctica que la separación del Señor Jesucristo respecto del mundo para el Padre? Y que en muchos cristianos se vea justamente lo contrario, es un hecho demasiado consabido; y esto ha significado siempre un profundo dolor y una pesada carga para aquellos que sienten profunda reverencia por el Nombre y la Palabra del Señor. “La vanagloria de la vida”, en un cristiano, es algo que lo vuelve insensible hacia los demás, y algo aborrecible para el Padre. ¿Qué buscó Cristo? No buscó vanagloria para sí, sino pecadores culpables de toda clase. Él buscó hombres de posición social tanto baja como alta, los cuales eran todos igualmente culpables de sus pecados e insensateces, de su orgullo y de su vanidad, y de tantas cosas vanas que rigen el corazón del hombre. Tampoco Cristo nos conoció sobre la base de estas miserias, sino con el fin de arrancar de raíz toda nuestra vanidad, poniendo sobre ella la sentencia de muerte. ¿Acaso fue alguna de estas «cosas del mundo» pasada por alto en la cruz? Por eso Juan, Su siervo, afirma aquí que ninguna de estas cosas en particular, y menos todas en su conjunto, son del Padre, sino que pertenecen al mundo que le aborreció a Él y a su Hijo. ¿Qué placer puede tener el Padre en cualesquiera de las cosas en las que tanto piensan los hombres, y a las que tan tenazmente se aferran, ya sea por envidia de los demás o procurándolas para sí mismos? En pocas palabras: la vanagloria o el orgullo de la vida, no proviene del Padre, sino ─de lo que es aún peor─, proviene de Su enemigo mismo: el mundo.
Pues, ¿qué es el mundo? El mundo es el sistema que Satanás implantó en medio del hombre caído con el fin de borrar la memoria de un paraíso perdido. Y desde entonces ha ido creciendo, embelleciéndose y progresando, a pesar de la terrible catástrofe del diluvio, hasta que se alzó en rebelión contra el Hijo de Dios y lo crucificó. Esto es lo que hizo finalmente el mundo, con sus artes y letras, con su religión y su filosofía. El mundo de entonces estaba conformado por judíos y gentiles. Ambos amaban al mundo, y ambos se unieron para rechazar con la mayor ignominia al “Señor de la gloria”. ¿Puede ser entonces el mundo un objeto de amor para el cristiano? ¿Puede serlo acaso alguna cosa que sea parte integrante de este mundo? ¿Puede serlo acaso alguna cosa de la cual el mundo se jacte y en la cual se complazca? ¿No sería esto traición contra el Padre y el Hijo?
Pero aquí se insiste en otra característica más que tiene el mundo. El mundo es evanescente, y tiene la sentencia de muerte que Dios puso sobre él. Ha de pasar por completo. El mundo pasa y sus deseos, pues ¿quién podrá conservarlo? No importa si se trata de ricos, de posición social elevada, de placeres, de poder o de cualquier otra cosa que le pertenezca; el asunto es que se reduce a nada (y su orgullo a veces, incluso en la época presente, puede aparecer en un asilo de pobres). No obstante eso, los hombres son devorados por el deseo de ser algo más grande que lo que son, de modo que bajo la superficie yace una infelicidad que el placer no puede desvanecer.
“Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (v. 17). No sólo la Palabra permanece para siempre, sino el que hace la voluntad de Dios. Esto es de mucho mayor importancia que cualquier doctrina deducida por los hombres, que cualquier artículo de fe, como se lo llama. Es sin duda necesario oponerse a lo que es falso y al mal, y nosotros tenemos la obligación de someternos a la Palabra de Dios revelada y a su voluntad. Pero el error se desliza con facilidad en las doctrinas que formulan los mejores hombres, a favor de las cuales muchos hombres contienden, mientras que otros se oponen. Pero aquí se nos dice que el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Y esto nadie es capaz de hacerlo sin aferrarse a Cristo y sin amar al Padre. Seguramente “el Hijo permanece para siempre”. El cristiano puede dormir, pero él permanece para siempre. El Señor viene para despertarlo del sueño de la muerte, o para transformarlo -si entonces sobrevive- conforme a Su gloriosa semejanza, la que se manifestará entonces y para siempre. Pero el cristiano es llamado a reconocer esto como una realidad presente, y para actuar conforme a esta verdad cada día, a fin de no ser arrastrado hacia los contaminantes caminos del mundo, que son considerados muy placenteros, pero que, cada uno de ellos y todos en general, están, por el contrario, cubiertos y llenos de mal y de impiedad.

CONOCIENDO A DIOS


CONOCIENDO  A  DIOS 
Desde mi nacimiento hasta que conocí a Cristo como 
mi Salvador, se iba formando mi perspectiva de Dios y 
de la vida de acuerdo al mundo actual. 
 Ahora que soy su hijo, Dios quiere transformar 
gradualmente mi comprensión acerca de Él, con el fin de 
que mi perspectiva de Él y de la vida, sea cada vez más y 
más como la suya.   
Si mi deseo es crecer en mi relación con Dios, 
necesito tomar  decisiones conscientes para buscarlo de 
todo corazón; del mismo modo que una pareja de 
casados necesita buscar continuamente el mejoramiento 
de su relación para poder vivir en armonía. 
Para no estorbar lo que Dios quiere hacer en, y a 
través de mí, necesito  mantener una actitud  abierta y 
receptiva hacia Él.  
Como solo Él sabe qué cambios son necesarios en mi 
entendimiento, yo debo permitirle voluntariamente que 
haga los cambios apropiados.
Jesús es la imagen visible del carácter de Dios, y Aquel a cuya imagen Dios me moldeará a la 
medida en que yo se lo permita.  Dios desea que lo conozca íntimamente, de una manera que va 
más allá de un simple conocimiento “acerca” de Él. 
UNA CONDUCTA CORRECTA SE PRODUCE POR UNA PERSPECTIVA CORRECTA 
(Dios dijo) ... La gente se fija en las apariencias, pero Yo me fijo en el corazón. (1 Samuel 16:7)
1.  MI ACTITUD ES MUY IMPORTANTE 
A.  Dios desea que mi comprensión acerca de Él, vaya creciendo. 
Jeremías 9:23-24  Así dice el SEÑOR: «Que no se gloríe el sabio de su sabiduría, ni el poderoso 
de su poder, ni el rico de su riqueza.  Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe de conocerme
y  de comprender que yo soy el  SEÑOR, que actúo en la tierra con amor, con derecho y 
justicia, pues es lo que a mí me agrada —afirma el SEÑOR—.
Juan 17:3  (Jesús dijo)  Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y 
a Jesucristo, a quien tú has enviado. 
Romanos 11:36-12:2  ... No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la 
renovación de su  mente.   Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, 
agradable y perfecta.
Efesios 3:16-19 ... pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con 
todos los santos,  cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin,  que 
conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para  que sean llenos de la 
plenitud de Dios.
Dios 
La Vida
Yo 
Dios quiere cambiar mi 
entendimiento para que yo 
vea la vida cada vez más 
desde su punto de vista. 


LECCIÓN 1-3
B.  Para crecer necesito buscar activamente una relación más íntima con Él. 
Salmo 63:1 (cómo David) Oh Dios, tú eres mi Dios; yo te busco intensamente.  Mi alma tiene 
sed de ti; todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta.
Prov. 2:1-5 (Salomón escribió)   Hijo mío, si  haces tuyas mis palabras y  atesoras mis 
mandamientos; si tu oído  inclinas hacia la sabiduría y de corazón  te entregas a la 
inteligencia; si llamas a la inteligencia y pides discernimiento; si la buscas como a la plata, 
como a un tesoro escondido,  entonces comprenderás el temor del  SEÑOR  y  hallarás el 
conocimiento de Dios.
Mateo 7:7-8   »Pidan, y se les dará; busquen, y encontrarán; llamen, y se les abrirá.  Porque 
todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre. 
1 Pedro 2:2-3  deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos.  Así, 
por medio de ella,  crecerán en su salvación, ahora que  han probado lo bueno que es el 
Señor.
2.  LA PALABRA DE DIOS -  La “verdad” no se origina en mi, ni en ningún otro 
ser humano, sino solamente en Dios mismo.  Por lo tanto, toda verdad 
“percibida” debe ser comparada con, y verificada en, la Palabra de Dios.  
A. Una manera en que Dios me transforma, es a través de su Palabra confiable. 
Salmo 119:89  Tu palabra, SEÑOR, es eterna, y está firme en los cielos. (Ver 1 Pedro 1:25) 
Mateo 24:35  (Jesús dijo)  El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán. 
Juan 14:6  (Jesús dijo) —Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. ...
Juan 17:17  (Jesús dijo) Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad.  (Ver Sal. 119:160)
Rom. 15:4   De hecho, todo lo que se escribió en el pasado se escribió para enseñarnos, a fin 
de que, alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza.
2 Tim. 3:16-17   Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, 
para corregir y para instruir en la justicia, a fin de que el siervo de Dios esté enteramente 
capacitado para toda buena obra.
B. La Palabra de Dios debe llegar a ser tan esencial como mi alimento diario. 
Deut. 6:5-9   Ama al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus 
fuerzas.   Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando.   Incúlcaselas
continuamente a tus hijos.  Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el 
camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.   Átalas a tus manos como un signo; 
llévalas en tu frente como una marca; escríbelas en los postes de tu casa y en los portones 
de tus ciudades.  (Ver también Deut. 11:18-21) 
Job 23:12    (Job dijo)    No me he apartado de los mandamientos de sus labios; en lo más 
profundo de mi ser he atesorado las palabras de su boca. 
Salmo 119:16  En tus decretos hallo mi deleite, y jamás olvidaré tu palabra.
Salmo 119:103  ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras!  ¡Son más dulces que la miel a mi 
boca!
Mateo 4:4  Jesús le respondió: —Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda 
palabra que sale de la boca de Dios.”
LECCIÓN 1-3 
C.  La memorización y meditación en su Palabra, me ayudará a crecer.  
Salmo 1:1-3   Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la 
senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos, sino que en la ley del SEÑOR
se deleita, y día y noche medita en ella.  Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, 
cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan.  ¡Todo cuanto hace 
prospera!
Salmo 119:11  En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti.
Salmo 119:97  ¡Cuánto amo yo tu ley!  Todo el día medito en ella.
Col. 3:16    Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza:  instrúyanse y 
aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones 
espirituales a Dios, con gratitud de corazón. 
D. La Palabra de Dios es como una luz que alumbra mi vida, descubriendo los 
secretos de mi corazón y ayudándome a verme como Dios me ve.  
Salmo 119:105  Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero.
Salmo 119:130  La exposición de tus palabras nos da luz, y da entendimiento al sencillo. 
Rom. 10:17  Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la 
palabra de Cristo.
Heb. 4:12-13  ... la palabra de Dios es viva y poderosa, ... Penetra hasta lo más profundo del 
alma y del espíritu, ... y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón.  Ninguna
cosa creada escapa a la vista de Dios.  Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de 
aquel a quien hemos de rendir cuentas.
E. Solamente Dios nos da entendimiento de su Palabra. A pesar de que algunas 
porciones pueden parecer difíciles de entender, a la medida en que sea 
honesto y abierto ante Él, Él me revelará su Palabra según mi necesidad.  
Deut. 29:29  Lo secreto le pertenece al SEÑOR nuestro Dios, pero lo revelado nos pertenece a 
nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que obedezcamos todas las palabras de esta 
ley. 
Lucas 24:45  Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras.
1 Cor. 2:12-14  Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede 
de Dios,  para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.  Esto es 
precisamente de lo que hablamos, no con las palabras que enseña la sabiduría humana 
sino con  las que enseña el Espíritu, de modo que expresamos verdades espirituales en 
términos espirituales.  El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de 
Dios, pues para él es locura.   No puede entenderlo, porque hay que discernirlo 
espiritualmente.
2 Pedro 3:15-16  ... nuestro querido hermano Pablo, ...  En todas sus cartas se refiere a estos 
mismos temas.  Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender, ...


LECCIÓN 1-3
3. LA ORACIÓN – CONVERSANDO CON DIOS 
Debemos siempre tomar en cuenta que el Señor es el Creador de todo el universo, tal como 
las estrellas, el sol, la tierra, y todo lo demás.  Aunque Él ha creado todo, y es el Dueño de todo, 
al mismo tiempo su amor para conmigo es tan grande y tierno que Él quiere estar involucrado 
en los detalles de mi vida diaria. 
Es increíble que el Dueño y Creador de todo me permite entrar en su presencia misma. Ni 
yo, ni ninguna otra persona, por nuestra propia rectitud podemos asumir el derecho de 
acercarnos a Dios, pero todo creyente recibe ese derecho en el momento de haber recibido a 
Jesús como su Salvador.  
Como en cualquier conversación, uno debe hablar y escuchar.  Muchas veces, al estar con el 
Señor, Él va a querer que yo esté listo para  escuchar.  No debo pensar que la oración 
simplemente significa que uno siempre habla y  Dios siempre escucha.  Más bien, la oración 
también significa que Él quiere  que yo esté atento a su voz para que Él me pueda enseñar, 
corregir, o revelarme otras cosas.  
Yo honro al Señor cuando busco sus prioridades para mi vida, o sea, cuando estoy buscando 
lo que le agrada.  Así que, debo tratar de formar el hábito de presentar al Señor el mejor tiempo, 
y lo mejor de todo lo que poseo, no solo lo que sobra de mi vida.  
A.  Para conversar con Dios debo preparar mi corazón, humillándome ante su 
majestad. 
Salmo 5:3  Por la mañana, SEÑOR, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, 
y quedo a la espera de tu respuesta.  
Salmo 119:147    Muy de mañana me levanto a pedir ayuda;  en tus palabras he puesto mi 
esperanza. 
Prov. 3:5-6   Confía en el SEÑOR de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.  Reconócelo
en todos tus caminos, y él allanará tus sendas. 
Isa. 50:4  ... Todas las mañanas me despierta, y también me despierta el oído, para que escuche
como los discípulos.
Mateo 6:31-34  Así que no se preocupen diciendo: “¿Qué comeremos?” o “¿Qué beberemos?” 
o “¿Con qué nos vestiremos?”  Porque los paganos andan tras todas estas cosas, y el Padre 
celestial sabe que ustedes las necesitan.  Más bien, busquen primeramente el reino de Dios
y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.  Por lo tanto, no se angustien por el 
mañana, el cual tendrá sus propios afanes.  Cada día tiene ya sus problemas.
Lucas 10:38-42   Mientras iba de camino con sus discípulos, Jesús entró en una aldea, y una 
mujer llamada Marta lo recibió en su casa.  Tenía ella una hermana llamada María que, 
sentada a los pies del Señor,  escuchaba lo que él decía.  Marta, por su parte, se sentía 
abrumada porque tenía mucho que hacer.  Así que se acercó a él y le dijo: —Señor, ¿no te 
importa que mi hermana me haya dejado sirviendo sola?  ¡Dile que me ayude!  —Marta, 
Marta —le contestó Jesús—, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una
es necesaria.  María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará. 
Efe. 2:18  Pues por medio de él tenemos acceso al Padre por un mismo Espíritu. 
Col. 3:2-3   Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, pues ustedes 
han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios.
LECCIÓN 1-3 
B.  La oración incluye adoración y gratitud. 
Salmo 119:164  Siete veces al día te alabo por tus rectos juicios.
Daniel 6:10  ... Daniel ... se fue a su casa y subió a su dormitorio, ...  Allí se arrodilló y se puso 
a orar y alabar a Dios, pues tenía por costumbre orar tres veces al día.
Efe. 5:19-20   ... Canten y alaben al Señor con el corazón, dando siempre gracias a Dios el 
Padre por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Fil. 4:6-7    No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con  oración y ruego, 
presenten sus peticiones a Dios y  denle gracias.  Y la paz de Dios, que sobrepasa todo 
entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
Col. 4:2-4  Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento ... 
1 Tes. 5:16-18   Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, 
porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús.
C. La oración incluye confesión, reconciliación y perdón a otros.
Salmo 32:5   Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad.  Me dije: «Voy a confesar 
mis transgresiones al SEÑOR», y tú perdonaste mi maldad y mi pecado.  (Ver Sal. 66:18) 
Prov. 28:13    Quien encubre su pecado jamás prospera; quien  lo confiesa y  lo deja, halla 
perdón.
Mateo 5:23-24  »Por lo tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí recuerdas que 
tu hermano tiene  algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar.  Ve primero y 
reconcíliate con tu hermano; luego vuelve y presenta tu ofrenda. 
Marcos 11:25   Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que 
también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados.
Col. 3:12-13 ...  que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro.
Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes.
1 Juan 1:9-10 Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y 
nos limpiará de toda maldad. ...
D. La oración incluye súplicas y peticiones por necesidades personales. 
Prov. 3:5-6   Confía en el SEÑOR de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.  Reconócelo
en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.
Mateo 6:5-8  ... cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, 
que está en lo secreto.  Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará.  Y 
al orar, no hablen sólo por hablar ... porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes 
de que se lo pidan. 
Mateo 6:25-34   … busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas
les serán añadidas.
Stg. 1:5   Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios 
da a todos generosamente sin menospreciar a nadie.
1 sep 2003   
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LECCIÓN 1-3
E. La oración incluye intercesión y peticiones por las necesidades de otros. 
Efe. 6:18-20  (Pablo escribió)  Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos.  
Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.  Oren también por mí
para que, cuando hable, Dios me dé las palabras para dar a conocer con valor el misterio 
del evangelio, por el cual  soy embajador en cadenas.  Oren para que lo proclame 
valerosamente, como debo hacerlo.
Col. 4:12 ... Epafras ... está siempre luchando en oración por ustedes, para que, plenamente 
convencidos, se mantengan firmes, cumpliendo en todo la voluntad de Dios.
F. La oración es continua, en cualquier momento; pero debe también incluir 
tiempos especiales, a solas con Él. 
Salmo 5:3    Por la mañana,  SEÑOR, escuchas mi clamor;  por la mañana te presento mis 
ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta.
Salmo 55:17  Mañana, tarde y noche clamo angustiado, y él me escucha.  (Ver Daniel 6:10) 
Salmo 119:62  A medianoche me levanto a darte gracias por tus rectos juicios. 
Salmo 119:147-148  Muy de mañana me levanto a pedir ayuda; en tus palabras he puesto mi 
esperanza.  En toda la noche no pego los ojos, para meditar en tu promesa. 
Daniel 6:10  ... Daniel ... se fue a su casa y subió a su dormitorio, cuyas ventanas se abrían 
en dirección a Jerusalén.  Allí se arrodilló y se puso a orar y alabar a Dios, pues tenía 
por costumbre orar tres veces al día.
Rom. 12:12   Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en 
la oración.  
1 Tes. 5:17  oren sin cesar,
Nota acerca de 1 Tes. 5:17.  “Orar sin cesar” no significa orar sin interrupción sino orar cuando sea 
posible.  Pablo hablaba de la importancia de mantener una comunión continua con Dios en el 
contexto de una vida donde es imposible estar siempre consciente de ella. 
4. Conclusión:  Puedo siempre contar con su amor, confiando que Él siempre hará 
lo que es mejor para mí aunque a veces me parezca lo contrario.   
Salmo 34:15  Los ojos del SEÑOR están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones;
Salmo 37:4-5  Deléitate en el SEÑOR, y él te concederá los deseos de tu corazón.  Encomienda
al SEÑOR tu camino; confía en él, y él actuará.
Salmo 86:5    Tú, Señor, eres bueno y perdonador; grande es tu amor por  todos los que te 
invocan.
Salmo 145:18-19    El  SEÑOR está  cerca de quienes lo invocan, de quienes lo invocan  en 
verdad.  Cumple los deseos de quienes le temen; atiende a su clamor y los salva.
Heb. 4:15-16   Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras 
debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, 
aunque sin pecado.  Así que acerquémonos  confiadamente al trono de la gracia para 
recibir  misericordia y hallar la  gracia que nos ayude en el momento que más la necesitamos

CONCERNIENTE AL DINERO





CONCERNIENTE
 AL DINERO
¿Cuál debe ser la actitud de un obrero cristiano, un siervo de Dios, en cuanto al dinero? Éste es un asunto muy serio, y a menos que el obrero tenga una victoria completa en este asunto, no podrá trabajar para el Señor.
Frecuentemente todo obrero tiene que manejar dinero. Pero si el obrero tiene problemas en el manejo del dinero, no podrá avanzar mucho. Por tanto, debemos tener presente que lo que está en juego es un asunto de suma importancia.
Mammon, osea, las riquezas, está en oposición a Dios, así que debemos rechazar su influencia. Ésta es la visión apropiada que todos los cristianos deben tener hacia el dinero. Debemos estar alertas para no caer bajo su poder. Ningún obrero que esté atado por las riquezas materiales puede persuadir a otros a ser liberados de su control. Esto no es posible. Si estamos atados y controlados por Mammon, será imposible que ayudemos a los hermanos y hermanas a ser liberados de su control y atadura. El obrero debe odiar la pereza y también debe detestar el poder de las riquezas, de otro modo, no será útil en la obra de Dios. El dinero es un asunto crucial. Analicemos algunos aspectos relacionados con el dinero.
UNO
En primer lugar, observemos la relación que existe entre el dinero y el camino y
la enseñanza del obrero. En el Antiguo Testamento tenemos la historia de
Balaam, y en el Nuevo Testamento vemos el camino y la enseñanza de Balaam, lo
cual se relata en 2 Pedro, Judas y Apocalipsis. Estos relatos nos muestran la
importancia que Dios le da a Balaam, quien era un profeta que buscó su beneficio
propio. En otras palabras, él hizo un comercio del ministerio profético. Balaam
no ignoraba su posición de profeta, estaba consciente de ella y le sacó provecho.
Tampoco ignoraba la voluntad de Dios. Cuando Balac, el rey de Moab, se propuso
destruir al pueblo de Dios, Balaam estaba plenamente conciente de que el pueblo
de Dios no debía ser maldecido; él sabía que era un pueblo bendecido por Jehová.
Sin embargo, debido a que codició la oferta de Balac, quien le ofrecía darle todo lo
que deseara, él acudió a Dios una y otra vez buscando Su permiso para hacerlo.
Finalmente, Dios se lo concedió. Muchos piensan erróneamente que este episodio
es un buen ejemplo acerca de como esperar en Dios. De hecho, Balaam nunca
habría consultado a Dios de no haber sido por la promesa de Balac; sabía
perfectamente que tal viaje no estaba de acuerdo con el Señor. Pues Dios nunca
desea maldecir a Su pueblo, sino mas bien siempre intenta bendecirlo y cuidarlo
con Su gracia. No obstante, Balaam indagó a Dios repetidas veces debido a la
promesa que había recibido de Balac. Finalmente, Dios le permitió ir. Pero no por
que fuera Su voluntad, sino que era sólo Su permiso para ir, considerando que si
la oferta de Balac podía generar tanta oración en Balaam, entonces le dijo que
fuera. Indudablemente Balaam era un profeta, pero él permitió que el dinero
afectara su camino y lo condujera a extraviarse.
Todo obrero cristiano que no haya resuelto el asunto del dinero en su vida, y que
aún esté atado por su poder, ciertamente dejará que la influencia del dinero
afecte su campo de trabajo. Cuando él tenga que decidir a dónde debe ir a
trabajar, su decisión será influenciada por el apoyo financiero que pueda recibir.
Irá a donde reciba ayuda económica y no irá a donde no la den. El respaldo
monetario se convertirá en su dirección. Si va solamente a adonde hay ayuda
financiera, seguramente no irá a un lugar pobre o, en todo caso, si llega ir a tal
lugar, se quedará poco tiempo. En cambio, si en otro lugar hay un apoyo
generoso, espontáneamente será atraído por su apoyo y sentirá que Dios lo está
conduciendo a ese lugar. Algunas oraciones sólo siguen a la ayuda monetaria. El
dinero se convierte en el centro de atención. El beneficio propio y el dinero
condujeron a Balaam a molestar a Dios repetidas veces, insistiendo acerca si
debía ir o no. Hace unos diez años, un hermano de mayor edad comentó sobre la
situación tan lamentable en que se encuentran los cristianos, diciendo:
“¡Consideren cuántos siervos de Dios van en pos del dinero! Tantos lugares
pobres carecen de cuidado espiritual, y miren cuántos obreros se amontonan en
los lugares más prósperos. ¿No hay algo que está mal en la dirección que han
recibido?”. Ésta fue una palabra fuerte. Si un hermano no ha resuelto el asunto
del dinero, no será una sorpresa que sus pasos sean como los de Balaam. El
camino que tome será determinado por la cantidad de ayuda económica que
reciba. La cantidad de apoyo económico se convertirá en la dirección para su
camino. Si un lugar es pobre, él no lo visitará, o lo hará raramente. Y si lo visita,
se irá de allí rápidamente. Pero si un lugar es rico y tiene abundancia, él lo
visitará más o permanecerá allí permanentemente. El dinero se convertirá en la
fuente de su dirección. A tales personas Dios sólo puede decirles: “ve y cumple tu
deseo”. Un obrero que no esté libre de la influencia del dinero, es inútil. Si con
respecto al dinero, un obrero no puede jactarse como Pablo se jactó, tal obrero es
inútil. Si no puede librarse del dinero y de su influencia, no puede ser un ministro
de Dios; su camino ciertamente será el mismo que el de Balaam. Algunos son
fácilmente dominados por el dinero; el dinero fácilmente determina su camino.
Como consecuencia, su camino viene a ser el camino de Balaam. El cual es
simplemente un camino determinado por el dinero. Que el Señor nos conceda Su
gracia para que seamos liberados de la influencia del dinero. No deseamos ver
que ninguno de nosotros se convierta en un mendigo, y que la ubicación donde
labore sea el lugar donde mendiga. Una vez que hacemos esto, nos convertimos
en esclavos del dinero. ¡Es lamentable y vergonzoso que un siervo de Dios sea
conducido y controlado por el dinero! ¡Es una vergüenza que en lugar de buscar
la guía del Señor postrándose a Sus pies, vayan a donde el dinero los guíe! Si una
persona no ha sido plenamente liberada del dinero, realmente puede estar bajo
una profunda esclavitud al dinero, aun cuando dice que está bajo la dirección de
Dios. ¡Esto es muy vergonzoso! Por supuesto, el asunto del dinero es muy
superficial. Si el Dios en quien creemos es viviente, entonces podemos ir a
cualquier lugar. Pero si Él no lo es, entonces podemos emprender la retirada y no
hacer nada. Es una vergüenza predicar al Dios vivo y tomar un camino que es
gobernado por el dinero. ¡Esto es una gran vergüenza!
En el Nuevo Testamento Pedro habla del camino de Balaam, y nos muestra lo que
significa: “Tienen los ojos llenos de adulterio, no cesan de pecar, seducen a las
almas inconstantes, tienen el corazón ejercitado en la codicia, y son hijos de
maldición” (2 P. 2:14). Aquí el énfasis recae en el ejercicio habitual de la codicia.
La codicia es un asunto del corazón, y esta puede convertirse en un hábito.
Cuando alguien es dominado por la codicia una, dos o muchas veces, la codicia se
convierte en su hábito. “Han dejado el camino recto, y se han extraviado,
siguiendo el camino de Balaam, hijo de Beor, el cual amó el pago de la injusticia”
(v. 15). ¿Qué sucede cuando una persona cae en el hábito de la codicia? Él
abandona el camino recto y se extravía siguiendo el camino de Balaam, hijo de
Beor. Hermanos y hermanas, Dios ha puesto ante nosotros “el camino recto”.
¿Cuál camino debemos escoger? Algunos han abandonado el camino recto y se
han extraviado siguiendo el camino de Balaam. ¿Cuál es “el camino de Balaam”?
Él era un profeta que amó el pago de la injusticia. Esto nos demuestra claramente
que el camino de Balaam es un camino que compromete el ministerio profético
de uno al venderlo por ganancia personal. Pero el evangelio no se vende, ni se
vende el ministerio profético. No podemos vender el evangelio de Dios ni el
ministerio de los profetas. Con todo, aquí vemos a un hombre que vendió su
ministerio profético. Su camino estaba errado. Su corazón se llenó de codicia. Por
esto se extravió tan pronto como sobrevino la tentación. La razón por la que
Balaam aceptó la oferta de Balac no fue meramente porque se le cruzó por la
mente un simple pensamiento de codicia; sino que fue el resultado de que tenía el
hábito de codiciar. Hermanos y hermanas, ¿pueden ver este punto? En él la
codicia era un hábito. Ésta fue la razón por la que él se extravió tan pronto como
Balac le ofreció dinero. Si el poder de Mammon no es erradicado de nosotros,
nuestros pies correrán tras él tan pronto como su cebo sea puesto ante nosotros, y
así sacrificaremos nuestra utilidad al Señor. Si deseamos seguir por un camino
recto, tenemos que rechazar por completo a Mammon. De otro modo, aunque
externamente podamos buscar la dirección del Señor, orando por orientación y
procurando la voluntad del Dios, nuestros pies permanecerán en la senda
incorrecta. Balaam oraba, procuraba hacer la voluntad de Dios y esperaba en Él,
pero a pesar de ello, tomó el mal camino. Recuerde por favor, que mientras el
dinero ocupe un lugar en nuestro corazón y la codicia se convierta en un hábito
para nosotros, podemos orar todo lo que queramos para que Dios nos impida ir a
cierto lugar, pero finalmente el dinero dirigirá nuestros pasos. Seremos incapaces
de tomar el camino recto.
Judas también habla de Balaam. El versículo 11 dice: “Ay de ellos porque … se
lanzaron por lucro en el error de Balaam”. Esta es una palabra dura. Algunos se
lanzaron por motivos de lucro. Lanzarse significa correr rápido, velozmente y con
prisa. Algunos se han lanzado al error de Balaam. Los hijos de Dios deben ser
completamente liberados de codiciar el lucro. De otra manera, no tendrán otra
opción que tomar el camino del error.
Además de hacer referencia a Balaam, 2 Pedro 2:3 describe otra condición: “y en
su codicia, harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. El juicio
pronunciado sobre ellos hace tiempo no está ocioso, y su destrucción no se
duerme”. 2 Pedro 2 habla de los falsos profetas. ¿Qué hacen los falsos profetas?
En su codicia fingen palabras para hacer mercadería de los creyentes. Ellos son
codiciosos y buscan su propio beneficio; por lo tanto, fabrican mentiras. Si el
camino de una persona es dirigido por el dinero, tarde o temprano su enseñanza
también lo será. Podemos asegurar esto. Tal persona les dirá una cosa a los
pobres y otra a los ricos. Él les hablará a los pobres sobre una clase de demanda
del Señor, y cuando vengan los ricos les hablará de otra clase de demanda del
Señor. Sus palabras serán dirigidas por su deseo de obtener ganancias propias. Es
decir, su enseñanza estará influenciada por el dinero. La palabra de Dios es
franca y fuerte. Temo que algunos hayan seguido el ejemplo de los falsos profetas
y de los falsos maestros. Si la línea de conducta de una persona es dirigida y
gobernada por el poder del dinero, tal persona es un falso profeta y un falso
maestro. Ningún profeta, instructor o maestro que sea un fiel siervo de Dios debe
ser manipulado por el poder del dinero. Si alguien puede ser comprado con
dinero, si puede ser influenciado por el dinero y el dinero puede cambiar la
dirección que tome, debe cubrirse con cenizas y confesar que es un profeta falso y
un maestro falso. Él es un falso siervo de Dios, no es genuino. Éste es un asunto
muy serio. Debemos ser librados totalmente de Mammon. Aquellos que son
guiados por el dinero en cuanto al camino que tomen y a las palabras que hablen,
deben ser quitados de la obra de Dios.
Pedro y Judas no fueron los únicos que hablaron de este tema. Pablo le dijo lo
mismo a Timoteo subrayando este peligro de caer en la codicia. En 1 Timoteo 6:3
dice: “Si alguno enseña cosas diferentes, y no se conforma a las sanas palabras,
las de nuestro Señor Jesucristo, y a la enseñanza que es conforme a la piedad”.
¿Qué quiere decir ser uno que enseña cosas diferentes y no se conforma a las
sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo? Los versículos 4 y 5 dicen: “Está
cegado por el orgullo, nada sabe, y padece la enfermedad de cuestiones y disputas
acerca de palabras, de las cuales nacen envidias, contiendas, calumnias, malas
sospechas, constantes altercados entre hombres corruptos de entendimiento y
privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia”. Es
interesante observar que en la historia de la iglesia todos los maestros heréticos,
aquellos que enseñaron algo diferente, fueron los que tomaron la piedad como
fuente de ganancia. Ninguno de ellos se entregó tanto como Pablo; pues ellos
siempre calculaban cuánto podrían obtener por lo que hacían. ¡Ninguno de
nosotros debe tratar de obtener ganancia de ninguna persona valiéndose del
evangelio! Nada en este mundo es tan condenado por Dios como el hecho de
tomar la piedad como fuente de ganancias. Nada puede ser más bajo que hacer de
la obra cristiana una fuente de ganancias. Esto es lo más detestable. Tomar la
piedad como fuente de ganancias es lo más repugnante. Todo obrero debe estar
totalmente libre de cualquier pensamiento de lucro antes de involucrarse en la
obra. Hermanos y hermanas, si desean laborar para el Señor, deben estar
totalmente libres de la influencia del dinero. La muerte y el hambre deben ser
preferibles que trabajar por lucro personal. Todo obrero del Señor tiene que ser
muy estricto en este asunto. Si alguien nos tienta a transigir en esto, no debemos
concederle ni un centímetro de terreno. Tenemos que seguir a nuestro Señor de
forma incondicional. Hermanos y hermanas, podemos vender nuestra ropa y
nuestras posesiones, pero nunca podemos vender nuestra verdad y nuestra
piedad. A menos que nos declaremos muertos para con Mammon y que nuestra
mente esté totalmente libre de su influencia, sería mejor no tocar nada de la obra
del Señor. El versículo 6 dice: “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de
contentamiento”. Es aquí donde reside la verdadera ganancia: donde hay piedad,
hay contentamiento. Cuando tenemos piedad, ya no pedimos nada más, no
esperamos nada más y nos quedamos satisfechos con lo que tenemos. Ésta es la
verdadera ganancia, una gran ganancia. Sería una vergüenza para la piedad que
vayamos en pos de ganancias económicas. Pero gran ganancia es la piedad
acompañada de contentamiento. Los versículos del 7 al 10 son de suma
importancia para los obreros del Señor: “Pues nada hemos traído a este mundo,
porque nada podremos sacar. Pero teniendo sustento y abrigo estemos contentos
con esto. Mas los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas
codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y ruina.
Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual persiguiendo algunos,
se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. Hermanos y
hermanas, nunca debemos hacer de la piedad un medio de ganancias. Debemos
ser totalmente libres de la influencia del dinero. Si tenemos problemas para
vencer en este asunto, sería mejor buscar otra ocupación. Jamás deberíamos caer
tan bajo como para buscar que nos paguen por nuestra predicación y nuestra
obra. Sería mejor tener otra profesión y servir al Señor de otra manera. No hay
nada malo en servir al Señor en cualquier empleo decente, pero nadie debería ser
descuidado en cuanto al asunto del dinero ni traerle vergüenza al nombre del
Señor por causa del dinero. El obrero del Señor debe ser íntegro en este asunto.
Su corazón debe estar completamente libre del amor al dinero. Tiene que ser
absoluto, porque la Palabra de Dios condena seriamente cualquier impureza
relacionada con el dinero.
En Judas 16 dice: “Estos son murmuradores, quejumbrosos, que andan según sus
propias concupiscencias, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas
para sacar provecho”. Muchos hablan cosas infladas. Se jactan de la cantidad de
oraciones contestadas y de las muchas veces que han realizado milagros
increíbles y obras maravillosas. Pero ellos dicen estas cosas “para sacar
provecho”. Muchas personas dicen lo que a otros les gusta oír para adularlos y
sacar provecho. Tenemos que eliminar cualquier motivo que nos induzca a buscar
nuestro beneficio propio. Éste es un rasgo básico del carácter de un obrero del
Señor. Una persona que cede en el asunto del dinero hará concesiones en todas
las cosas. Con respecto al dinero debemos ser severos, muy severos, y no ceder a
ninguna corrupción. Como obreros del Señor, tenemos que ser íntegros,
absolutamente limpios en cuanto al asunto del dinero.
DOS
Ahora consideremos cómo el Señor Jesús entrenó a Sus discípulos en este asunto.
Lucas 9 narra que Él envió a los doce discípulos, y el capítulo 10 registra que Él
envió a los setenta. De los cuatro Evangelios, solamente Lucas registra el envío de
los setenta. Al enviar a los doce, el Señor les dijo: “No toméis nada para el
camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos túnicas cada uno”
(9:3). El Señor les mandó que dejaran atrás muchas cosas. Cuando Él comisionó
a los setenta, les dijo: “No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias” (10:4). Un punto
común en ambos casos es el dinero. Es decir, que el dinero no debe ser un
artículo que el obrero precise para su labor. Más tarde, el Señor les dijo: “Cuándo
os envié sin bolsa, sin alforja, y sin sandalias, ¿acaso os faltó algo? Ellos dijeron:
nada” (22:35). Enseguida el Señor dijo “Mas ahora, el que tiene bolsa, tómela, y
también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una” (v. 36).
La razón para esto fue que la dispensación había cambiado. Para entonces, el
Señor Jesús ya había sido rechazado. Mientras los israelitas tenían la
oportunidad de recibir al Señor, no había necesidad de estas cosas. El punto que
debemos subrayar en este caso es que, al cumplir su comisión para el Señor, un
obrero no debe prestar atención a su cartera. Todo su ser debe estar centrado en
su mensaje, no en su cartera. Salimos para testificar que Jesús de Nazaret es el
Señor designado por Dios. Nuestro ser debe centrarse en el mensaje, no en la
cartera. En otras palabras, estamos calificados para trabajar sólo si estamos
totalmente libres del dinero. Si vamos a ir de ciudad en ciudad a predicar el
evangelio del reino, no debemos ser como un camello que se atora en el ojo de
una aguja y queda excluido del reino, mientras que al mismo tiempo les habla a
otros sobre la necesidad de entrar en el reino tomándolo con violencia (Mt.
11:12). Esto es imposible.
¿Qué significan las palabras no llevéis? Estas palabras nos muestran que el
principio del evangelio contradice el principio de la cartera y de las dos túnicas.
Cuando alguien se prepara para predicar el evangelio, no debe fijar su mente en
estas cosas. Para un viaje ordinario, uno necesita de una cartera para llevar
dinero, un bastón para caminar y dos túnicas para cambiarse. Todas estas cosas
son necesarias. Ésta es la razón por la que el Señor les dijo a Sus discípulos que
llevaran esto en Lucas 22. Entonces, ¿por qué les dijo que estas cosas no eran
necesarias cuando Él envió a los doce discípulos en el capítulo 9 y a los setenta en
el capítulo 10? Él les prohibió estas cosas porque un predicador del evangelio no
debe fijar su mente en estas cosas. Cuando alguien es enviado, debe ir. Debe ir si
hay dos túnicas y debe ir si solamente hay una. Debe ir con o sin bastón, con o sin
dinero, y con o sin cartera. Esto es lo que significa ser un predicador del
evangelio. Éste fue el entrenamiento básico que el Señor les dio a los discípulos
cuando Él envió a los doce y a los setenta a la obra. Hermanos y hermanas,
tenemos que estar claros en este asunto. Si el corazón de un hombre está
centrado en el evangelio, estas cosas de menor importancia no serán importantes
para él en absoluto. Si tales cosas son de mucha importancia para él, sería mejor
que no saliera. Si hemos de predicar el evangelio, nuestra ropa, cartera y bastón
no deben ser una preocupación para nosotros. Si lo son, no somos aptos para
predicar el evangelio. El evangelio requiere que nos enfoquemos absolutamente
en él; requiere tanto de nuestra atención que estas cosas deben llegar a ser
irrelevantes para nosotros. El evangelio es lo único que debe ocupar nuestros
corazones. Cuando nos alistamos para realizar nuestro trabajo, debemos estar
contentos si tenemos o no tenemos hospitalidad. Tenemos que ponernos del lado
de Dios y llevar un testimonio glorioso para el Señor. Esta es la razón por la cual
el Señor dijo: “En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: paz sea a
esta casa” (10:5). ¡Cuán digno es esto! Un obrero es uno que imparte paz a otros.
Debe honrar su posición delante del Señor. Puede ser pobre, pero nunca debe
perder la dignidad. Ningún obrero debe estar tan mal como para perder su
dignidad. Si vamos a cierto lugar y la gente allí no nos recibe, ¿qué debemos
hacer? El Señor dijo: “Y cuando no os reciban, al salir de su ciudad, sacudid el
polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos” (9:5). ¿Pueden ver la dignidad
de los siervos de Dios? Cuando ellos son rechazados, no se sienten avergonzados
ni se quejan, diciendo: “Qué mala suerte. Vinimos a la casa equivocada”. En lugar
de ello, sacuden el polvo de sus pies; no toman ni un ápice de polvo de esa ciudad.
Los siervos de Dios deben mantener su dignidad. Pueden ser pobres, pero no
pueden perder su dignidad. Si nuestra mente no está completamente convencida
de esto, no podemos tener parte en la obra de Dios. Como obreros, tenemos que
tratar con el Señor apropiadamente con respecto al dinero. De otra forma, no
debemos tocar la obra de Dios, porque Mammon es un asunto muy serio.
Podemos ver más de cómo el Señor entrenó a Sus discípulos en los pasajes de la
alimentación de los cinco mil y más tarde de los cuatro mil. En una de estas
ocasiones, Él tomó a Sus discípulos consigo y predicó a una gran muchedumbre
de cinco mil, sin contar a las mujeres y a los niños. Al caer la tarde, se acercaron a
Él los discípulos, diciendo: “El lugar es desierto y la hora ya avanzada; despide a
las multitudes, para que vayan a las aldeas y compren para sí alimentos. Mas
Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer” (Mt. 14:15-
16). Los discípulos esperaban que el Señor enviara a la muchedumbre a conseguir
su propio alimento. Pero el Señor dijo: “Dadles vosotros de comer”. Cuando uno
de los discípulos oyó esto, fue sorprendido y dijo: “Doscientos denarios de pan no
bastarían para que cada uno de ellos tomara un poco” (Jn. 6:7). Mientras ellos
contaban los doscientos denarios, el Señor dijo: “¿Cuántos panes tenéis? Id y
vedlo” (Mr. 6:38). Cuando ellos le trajeron cinco panes y dos peces, el Señor
realizó un milagro y los alimentó a todos. Hermanos y hermanas, todos aquellos
que se ponen a contar sus doscientos denarios no son aptos para la obra del
Señor. Si el dinero significa tanto para nosotros, no debemos tocar la obra de
Dios. En estos versículos el Señor nos muestra que todo obrero debe estar
dispuesto a dar todo lo que tiene. Si le damos mucha importancia al dinero,
siempre estaremos calculando el monto de nuestras ganancias. El obrero debe ser
librado del poder de Mammon. El dinero no debe ejercer ningún poder ni
influencia sobre el obrero del Señor. Durante los tres años y medio que el Señor
permaneció con los doce discípulos, se dedicó a ellos por completo. Ésta fue la
manera que Él entrenó a los doce discípulos. Él les mostró que había que gastar
lo que fuera necesario. La obra de Dios no tiene nada que ver con sacar provecho.
Es un error el ver la obra de Dios desde una perspectiva comercial. Aquellos que
siempre están contando el dinero no son esclavos de Dios; son esclavos de
Mammon. Tenemos que ser rescatados del poder de las riquezas.
Los discípulos no aprendieron esta lección inmediatamente. En Mateo 15 vemos
otra ocasión donde había cuatro mil personas, sin contar mujeres ni niños. Esta
vez la situación era aún más precaria. La muchedumbre había estado allí por tres
días. ¿Qué podían hacer los discípulos bajo tales circunstancias? El Señor les dijo:
“Tengo compasión de la multitud, porque ya hace tres días que están conmigo, y
no tienen qué comer; y despedirlos en ayunas no quiero, no sea que desfallezcan
en el camino” (v. 32). La palabra “y” significa que el Señor mismo también había
estado sin alimento por esos tres días. Él continuó diciendo: “y despedirlos en
ayunas no quiero, no sea que desfallezcan en el camino”. Pero los discípulos aún
no habían aprendido la lección. Ellos le preguntaron cómo podrían conseguir
suficiente comida para alimentar a la gente. La preocupación del hombre siempre
es de dónde vendrá el alimento. Entonces el Señor les preguntó: “¿Cuántos panes
tenéis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos” (v. 34). Entonces ellos le
trajeron los siete panes y los pocos pececillos, y el Señor realizó otro milagro y
alimentó a los cuatro mil.
El Señor repitió este milagro porque los doce discípulos necesitaban ser
entrenados dos veces. Si el Señor no hubiera alimentado a los cinco mil y a los
cuatro mil, los discípulos probablemente no habrían podido manejar la situación
en Pentecostés. Si nunca hubieran tenido la experiencia de alimentar a los cinco
mil y a los cuatro mil mencionados en los Evangelios, no habrían sabido cómo
cuidar de los tres mil y los cinco mil en el libro de Hechos. Aquellos que huyen
ante los osos y leones, ciertamente también huirán ante Goliat. Los que no
pueden pastorear ovejas ciertamente no podrán pastorear a Israel. Aquí vemos a
un grupo de discípulos que aprendió la lección de alimentar a cinco mil y a cuatro
mil. Por consiguiente, no tuvieron ningún problema en Pentecostés cuando fue
necesario que tomaran cuidado de los necesitados. Hermanos y hermanas,
nosotros tenemos que pasar por el mismo entrenamiento; nuestros corazones
tienen que ser ensanchados. Podemos restringir nuestros gastos, pero Dios no
desea que restrinjamos Sus milagros. Muchos están muy preocupados por el
dinero. No le dan a otros la impresión de que son siervos de Dios; no se asemejan
a alguien que ha sido entrenado por Dios. Una persona que ha sido entrenada no
le dará tanta importancia al dinero; no estará tan preocupada por el dinero que
tiene en su bolsillo. Hermanos y hermanas, cuanto más calculamos, más nos
desviaremos de la meta de Dios y más pobres nos volveremos. Éste no es el
principio que Dios tiene con respecto al dinero. Necesitamos el mismo
entrenamiento que recibieron los doce y los setenta discípulos. Con todo, uno de
los doce finalmente llegó a ser un ladrón que hurtaba dinero. Él no aprendió su
lección y el dinero seguía siendo muy importante para él. Cuando él vio que
María derramó el frasco de alabastro de nardo puro sobre el Señor, él lo
consideró como un desperdicio, y dijo, “¿Por qué no fue este ungüento vendido
por trescientos denarios, y dado a los pobres?” (Jn. 12:5) Para una persona
calculadora, un frasco de ungüento puede ser vendido por trescientos denarios
para ayudar a los pobres. Pero el Señor no estuvo de acuerdo con esa manera de
calcular. En lugar de eso dijo: “De cierto os digo: Dondequiera que se proclame
este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para
memoria de ella” (Mt. 26:13). El resultado máximo y final del evangelio es
quebrar nuestro frasco de alabastro y ungir al Señor Jesús con el ungüento que
cuesta trescientos denarios. Es decir, cuando alguien recibe el evangelio, por
causa de Cristo no escatima el costo y derrama sobre el Señor todo lo que tiene;
esto es grato a los ojos del Señor. Es correcto incluso “desperdiciar” todo nuestro
ser sobre el Señor. Aquellos que no entienden el evangelio están siempre
contando su dinero, pero aquellos que lo entienden, saben que es bueno y
apropiado “desperdiciarse” a sí mismos sobre el Señor. Es bueno que el Señor
reciba nuestra ofrenda “derrochadora”. ¿Quién fue el que consideró aquello como
un desperdicio? Judas. Él fue uno que nunca aprendió su lección. Sus palabras
parecían muy razonables. Para el hombre, no era de ningún beneficio gastar
trescientos denarios de esta manera. Para Judas, trescientos denarios eran
suficientes como para traicionar a un hombre; él vendió al Señor Jesús por
treinta monedas de plata. Sin embargo, para él, verter aquel ungüento era un
desperdicio, y él estaba afligido por ello. Él quería sacar provecho de eso; era muy
calculador. Pero aquellos que han recibido genuinamente el evangelio y que se
entregan incondicionalmente al Señor, lo sacrificarán todo. Incluso si el sacrificio
les parece demasiado a otros, ellos hacen este sacrificio por causa del evangelio
del Señor. Donde se proclama el evangelio, nadie debe regatear con el Señor. Él
dijo: “Porque a los pobres siempre los tenéis con vosotros, pero a Mí no siempre
me tendréis” (v. 11). El Señor estaba dando a entender que no había nada malo
con atender a los pobres, pero en lo que se refiere a sacrificio por el Señor,
nosotros, no debemos escatimar nada por Él. Incluso si exageramos y vamos
hasta el extremo, nunca será un desperdicio para el Señor. Un hermano dijo en
una ocasión: “Si un creyente toma el camino de moderación cuando recién cree
en el Señor, no tendrá futuro espiritual”. Hermanos y hermanas, podemos tener
pensamientos de moderación a los diez o veinte años de creer en el Señor, pero
un nuevo creyente debe desperdiciarse absolutamente en el Señor. Si usted es un
nuevo creyente, debe ofrecerle al Señor todo lo que tiene. Debe derramar sobre el
Señor todo el frasco de alabastro de nardo puro. Tiene que sacrificarlo todo de
esta manera para que pueda avanzar. Éste fue el entrenamiento que los
discípulos recibieron. Tenemos que aprender a sufrir un poco más y a
desperdiciarnos un poco más en el Señor y en otros. Como siervos de Dios,
debemos ser muy generosos en cuanto al dinero. Debemos seguir adelante con
dinero o sin dinero. Aquellos que siempre están contando el dinero no son
personas adecuadas para la obra.
En Hechos 3:6 Pedro le dijo al hombre lisiado: “No poseo plata ni oro”. El Señor
trajo a Pedro y a Juan a un punto donde podían afirmar: “No poseo plata ni oro”.
Aunque en el capítulo 2 vemos que se manejaba mucho dinero, encontramos un
testimonio en el capítulo 3: “No poseo plata ni oro”. ¿Qué siguió diciendo Pedro
al hombre lisiado? Le dijo “pero lo que tengo, esto te doy; en el nombre de
Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Ellos estaban tan entrenados que,
aunque por sus manos pasaba mucho dinero, aún así podían decir: “No poseo
plata ni oro”. Hermanos y hermanas, si nos entregamos a la obra del Señor,
tenemos que ser íntegros con respecto al dinero. Si somos débiles en este asunto,
también seremos débiles en otros asuntos. Un factor subyacente que tienen los
obreros que son fuertes y estables es que son confiables ante Dios en lo
concerniente al dinero. Dios puede confiarles Su obra a tales personas.
TRES
Veamos el tercer asunto: la actitud de Pablo hacia el dinero. La palabra de Pablo
en cuanto a este tema es muy clara. En Hechos 20 le dijo a los efesios: “Ni plata ni
oro ni vestido de nadie he codiciado” (v. 33). Esto se refiere al motivo. Él no
codiciaba nada. Al trabajar para el Señor, él podía jactarse de que nunca había
codiciado ninguna posesión de ninguna persona. Él no albergaba la más mínima
codicia por tener oro, plata o vestido de nadie. Ésta fue su primera declaración.
Luego añadió: “Vosotros mismos sabéis que para lo que me ha sido necesario a
mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido” (v. 34). Ésta debe ser
la actitud de todo siervo de Dios. No debemos codiciar la plata, el oro, ni la ropa
de nadie. Las posesiones de otros son suyas, y no codiciamos nada de ellos. Ellos
deben quedarse con lo que tienen. A la vez, trabajamos para suplir nuestras
propias necesidades y las de nuestros colaboradores. Esto no significa que un
obrero del Señor no pueda ejercer su derecho que tiene en el evangelio (1 Co.
9:18), pero sí quiere decir que un obrero del Señor debe ver el evangelio como
una responsabilidad tan seria e inmensa que prefiere ofrecer sus manos y su
dinero a la obra. Éste debe ser nuestro deseo delante del Señor. Hasta donde nos
sea posible, debemos trabajar con nuestras manos. Por supuesto Pablo aceptaba
donativos de otros, pero eso tiene que ver con otro tema, a saber, con la
responsabilidad de aquel que ofrenda. Veremos ese asunto un poco después.
La palabra de Pablo a los corintios fue muy dulce. En 2 Corintios 11:7 él dijo:
“¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos, por
cuanto os he anunciado gratis el evangelio de Dios?”. Y él continuó en los
versículos 9 al 12: “Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno
fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de
Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso. Por la
veracidad de Cristo que está en mí, que no se me impedirá esta mi gloria en las
regiones de Acaya. ¿Por qué? ¿Porque no os amo? Dios lo sabe. Mas lo que hago,
lo haré aún, para quitar la ocasión a aquellos que la desean, a fin de que en
aquello en que se glorían, sean hallados semejantes a nosotros”. Pablo no se
negaba en forma categórica a recibir donativos, pero en aquella región, en Acaya,
era un asunto del testimonio. Algunos criticaban y buscaban la oportunidad de
criticar; se jactaban como si fueran diferentes a otros, y Pablo no quería darles
esa ocasión para criticar. Él declaró que les había anunciado el evangelio de Dios
gratuitamente, y que no había sido una carga para ellos, ni siquiera cuando
estuvo en escasez. Él se cuidó de no ser una carga y determinó mantener dicha
actitud. No se permitiría a sí mismo convertirse en una carga para ellos. Esto no
significa que no los amara; más bien, actuaba de esa manera y continuaría
haciéndolo para no darles ocasión a aquellos que la buscaban y para cerrar sus
bocas. Ésta es la actitud de un obrero hacia el dinero. A dondequiera que vamos,
tan pronto como detectemos cualquier renuencia, debemos cortar toda
oportunidad de que se susciten críticas. Los hijos de Dios deben mantener su
dignidad en la obra de Dios. Cuanto más una persona ame el dinero, más
debemos anunciarle el evangelio gratuitamente, y cuanto más se aferre a su
dinero, menos debemos recibir donativos de él. Debemos entender cuál es
nuestra posición como siervos de Dios. Si encontramos cualquier persona como
los de Acaya, que eran renuentes y que buscaban la oportunidad para criticar,
debemos decirles lo que Pablo parecía decirles: “no seré carga a ninguno de
vosotros. Pero si desean enviar algo a los pobres de Jerusalén, puedo llevárselo.
Si viene Timoteo, pueden enviarlo en paz. Pero yo mismo, debo mantener mi
dignidad como obrero del Señor”. Pues si nos critican por recibir alguna dádiva
de alguien, habremos perdido por completo nuestra dignidad como siervos del
Señor, y nosotros debemos mantener nuestra dignidad como siervos de Dios. En
nuestro servicio al Señor, no podemos ser descuidados con el dinero. Tenemos
que ser muy estrictos en este respecto; de otro modo, no podremos hacer mucho
para Dios.
Pablo no sólo nos dijo cómo mantuvo su integridad, sino también cómo trabajó
con sus manos para suplir las necesidades de sus colaboradores. Esto nos
muestra el principio de dar. Pablo declaró: “Para lo que me ha sido necesario a mí
y a los que están conmigo, estas manos me han servido” (Hch. 20:34). Ningún
obrero empobrecerá por el hecho de dar. Si retenemos todo lo que recibimos y
sólo hacemos provisión para nosotros mismos, no conoceremos el significado de
lo que es la obra de un ministro. Si los colaboradores sólo ofrendan poco de su
propia bolsa, algo está mal. Si un obrero sólo sabe recibir, es decir, si ejercita su fe
solamente para recibir, pero no la ejercita para dar, su función será limitada.
Hermanos y hermanas, nuestro futuro espiritual tiene mucho que ver con nuestra
actitud hacia el dinero. La peor actitud que podemos tomar es acumular sólo para
nosotros mismos y hacer todo sólo para nosotros mismos. Tal vez parezca una
tarea dura pedirles a los levitas que ofrenden. Sin embargo, ellos tienen la misma
responsabilidad de diezmar como todos los demás. Es verdad que los levitas no
tenían ninguna herencia en ninguna de las ciudades; sino que eran peregrinos
entre las doce tribus y vivían del altar. Algunos levitas podían haber sido tentados
a decir: “Yo vivo del altar. ¿Qué pues tengo yo para dar?”. Pero Dios dispuso que
todos los levitas debían recibir el diezmo y que también debían diezmar. Esto
impedirá que los siervos de Dios puedan decir: “Yo lo he dejado todo. ¿Tengo
además que ofrendar de mis reducidos ingresos?”. Si nuestros ojos están siempre
puestos en nuestras propias necesidades, terminaremos en problemas
económicos y no seremos capaces de suplir las necesidades de nuestros
colaboradores. Tenemos que aprender a dar. Tenemos que ser capaces de proveer
para todos nuestros hermanos y hermanas. Si retenemos el dinero en nuestras
manos, no importa cuán poco sea, y si al mismo tiempo esperamos que Dios
trabaje constantemente en los hermanos y hermanas para que nos suplan,
encontraremos que Dios hará lo contrario, y ya no confiará más Su dinero a
nuestras manos.
Las palabras de Pablo en 2 Corintios 6:10 son maravillosas: “Como pobres pero
enriqueciendo a muchos”. Aquí vemos a un hermano que realmente conocía a
Dios. Aparentemente él era pobre, pero asombrosamente enriquecía a muchos.
Hermanos y hermanas, éste es nuestro camino. Cuando laboramos en un lugar y
los hermanos y hermanas hablan negativamente de nosotros o si tienen una
actitud incorrecta hacia nosotros, debemos mantener nuestra dignidad como
obreros del Señor. Por ningún motivo debemos aceptar sus dádivas. Al contrario,
debemos decirles abiertamente: “No puedo tomar su dinero ya que soy un siervo
de Dios. Ustedes han murmurado contra mí, así que no puedo aceptar su dinero.
Como siervo del Señor, tengo que mantener la gloria de Dios. Es por ello que no
puedo recibir vuestro dinero”. Incluso cuando estemos pasando por una pobreza
extrema, tenemos que aprender a dar. Si deseamos recibir más, tenemos que dar
más. Cuanto más podamos dar, más podremos recibir. Éste es un principio
espiritual. A menudo cuando estamos en carencia, debemos dar más, porque tan
pronto como el dinero que tenemos se va, el suplir del Señor viene. Algunos
hermanos y hermanas tienen muchas de estas experiencias. Pueden testificar que
cuanto más dan, más reciben. Nosotros no debemos contar con cuanto dinero nos
quedamos, porque el Señor dice: “Dad, y se os dará” (Lc. 6:38). Ésta es una ley de
Dios. No podemos anular las leyes de Dios. La mayordomía cristiana es diferente
de la del mundo. En el mundo se gana mediante el ahorro; pero nosotros
ganamos al dar. Podremos ser pobres, pero podemos enriquecer a otros.
En 2 Corintios 12:14 Pablo dijo: “He aquí, por tercera vez estoy preparado para ir
a vosotros; y no seré gravoso”. Ésta era la actitud de Pablo. ¡Cuán estricto era
consigo mismo! Algunos habían hablado contra Pablo y tenían un problema con
él. Por lo tanto, cuando Pablo estaba listo para ir a ellos por tercera ocasión, él no
fue una carga para ellos. En el versículo 14 él continuó diciendo: “Porque no
busco lo vuestro, sino a vosotros”. ¿Tenía él una mala actitud y era estrecho? No.
Él añade en el mismo versículo: “Pues no deben atesorar los hijos para los padres,
sino los padres para los hijos”. Hermanos y hermanas, ¿pueden ver cuán tierna
era la actitud de Pablo delante de Dios? Los corintios oyeron muchos rumores y
hablaron muchas cosas sobre Pablo. Por lo tanto, Pablo se vio obligado a rechazar
sus dádivas, pero aun así, él no puso a un lado su responsabilidad de enseñarles
acerca del dinero. Segunda de Corintios puede ser la epístola que aborda más
detalladamente el asunto del dinero. Si Pablo se hubiera refrenado de hablar algo
sobre el tema del dinero, algunos habrían interpretado que él estaba ofendido al
respecto, pero él no estaba ofendido en lo mas mínimo, porque el dinero tenía
muy poca influencia sobre él. Por eso podía instruir a los corintios acerca el
dinero. Les dijo que debían enviar el dinero a Jerusalén. No les aconsejo lo
contrario. Él se encontraba por encima del dinero; por eso él podía trascender
sobre la actitud que los corintios tenían hacia su persona. Él rechazó sus dádivas
porque quería mantener su dignidad. No obstante se jactó ante los macedonios
de que los corintios estaban bien preparados. Y al mismo tiempo, alentó a los
hermanos corintios a tener lista de antemano su bendición antes prometida, a fin
de que no fueran avergonzados por hallarse desprevenidos cuando los
macedonios vinieran a ellos (9:2, 4-5). Su sentir personal fue completamente
puesto a un lado. Los siervos de Dios deben ser librados de la influencia del
dinero. Si Pablo no hubiera sido una persona libre de la influencia del dinero, los
corintios nunca habrían oído su mensaje. Pablo todavía les habría dicho tales
cosas a los efesios o a los filipenses, pero no a los corintios. Sin embargo, él
todavía procuró ver a los corintios; no los abandonó, sino que continuó
hablándoles acerca del dinero. Él les mostró que Dios aún podía utilizar su
dinero, pero Pablo mismo no lo haría; él no buscaba ninguna cosa de ellos. En
este respecto, él no llegó a serles gravoso a ellos. Sin embargo, aún abrigaba
esperanzas de que ellos pudiesen avanzar en cuanto al asunto del dinero.
Hermanos y hermanas, cuando se relacionan con otros en la iglesia, ¿pueden
distinguir entre ellos y lo que es de ellos? Cuándo vemos a los hermanos, ¿vamos
en pos de ellos o en pos de sus bienes materiales? Si ellos tienen algún problema
con nosotros y no podemos ganar sus corazones, ¿aun así los apoyamos, los
edificamos y oramos por su crecimiento espiritual? Pablo tenía demasiadas
razones para abandonar a los corintios, pero él vino a ellos vez tras vez, e incluso
en una tercera ocasión. Con todo, él no buscó sus posesiones. Hacer esto es una
gran tentación para los siervos de Dios. Tenemos que aprender a hacer lo que
hizo nuestro hermano Pablo.
En 2 Corintios 12:15-18 él continuó diciendo: “Y yo con el mayor placer gastaré lo
mío, y aun yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas. Amándoos
más, ¿seré yo amado menos? Pero admitiendo esto, que yo no os he sido carga,
sino que, según algunos de vosotros dicen, como soy astuto, os prendí por
engaño, ¿acaso he tomado ventaja de vosotros por alguno de los que os he
enviado? Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Acaso se aprovechó de
vosotros Tito? ¿No hemos procedido con el mismo espíritu y en las mismas
pisadas?”. Hermanos y hermanas, piensen en la actitud de Pablo: Él con el mayor
placer gastaba lo suyo y él mismo se gastaba en beneficio de ellos. Al predicar el
evangelio, no es suficiente que nosotros mismos nos gastemos, sino también
debemos gastar lo nuestro. Tenemos que dar todo lo que tenemos. Nunca es
correcto recibir dinero a cambio de nuestra predicación del evangelio. Más bien,
tenemos que estar preparados y dispuestos a gastar con gusto nuestro dinero por
causa del evangelio. Si no invertimos nuestro dinero en la predicación, algo está
mal. Pero si nuestro dinero va con nuestra predicación, estamos haciendo lo
correcto y estamos invirtiendo nuestro dinero en una causa digna. Esto es lo que
hizo Pablo. Él estaba dispuesto a desgastarse y también a gastar lo suyo. Estaba
dispuesto a gastar y a gastarse por amor a las almas de los corintios. Cuando
estuvo entre ellos, no fue una carga para ninguno. Tampoco Tito ni el otro
hermano fueron gravosos en absoluto. Pablo no tomaba ventaja de nadie. El
evangelio es la verdad: es por esta razón que podemos invertir nuestro dinero en
él. Hermanos y hermanas, tenemos que ser como nuestro hermano Pablo; no
debemos ser una carga para nadie. Por el contrario, debemos gastarnos por
completo por amor al evangelio. Ya que el evangelio es la verdad, es correcto
gastarlo todo y gastarnos completamente en él. Nuestro evangelio es uno que se
lleva nuestro dinero con él. Este es el camino apropiado por el que debemos
andar.
A pesar de lo que hemos dicho hasta ahora, Pablo aceptó donativos de los
macedonios y de los filipenses. Bajo circunstancias normales, es correcto que un
predicador del evangelio reciba ofrendas. Pablo aceptó donativos de algunos
lugares y los rechazó de otros lugares. Él no estaba limitado en cuanto a recibir
donativos. Aceptó la dádiva de los macedonios. Pero cuando algunos en Acaya y
Corinto lo criticaban y buscaban oportunidad para desacreditarlo, él rehusó
aceptar sus donativos. Esta era la actitud de Pablo. Debemos ser iguales a él hoy
en día. Podemos aceptar donativos de algunos lugares como Macedonia y
debemos rechazar el dinero de otros lugares donde murmuran contra nosotros.
Hermanos y hermanas, debemos mantener esta posición delante del Señor. No
debemos pensar que podemos aceptar dinero sin ninguna restricción. Si alguien
está hablando mal a nuestras espaldas o si está buscando la oportunidad para
criticarnos, simplemente no podemos aceptar sus dádivas; de otros lugares
podemos aceptar alguna ofrenda, pero no de ese lugar.
Ahora veamos la Epístola de Pablo a los Filipenses para ver su actitud al recibir
ofrendas de los santos allí. Filipenses 4:15-17 dice: “Y sabéis también vosotros, oh
filipenses, que al comienzo del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna
iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun
a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque
dádivas, sino que busco fruto que aumente en vuestra cuenta”. Ésta era la actitud
de Pablo. Tal pareciera que los filipenses eran los únicos que le proveyeron.
Cuando él estuvo en Corinto y Tesalónica, fueron los filipenses los que le
suplieron. Él les dijo a los filipenses: “no es que busque dádivas, sino que busco
fruto que aumente en vuestra cuenta”. Él sabía que Dios haría depósitos en la
cuenta de los filipenses por el dinero que ellos habían invertido en él. Dios
tomaría nota del dinero que aportaban los filipenses. Esta es la razón por la cual
él no pedía dinero de ellos. Aquí encontramos a un hombre que tenía una actitud
especial para con los únicos que le proveían. Él no buscaba dádivas, sino fruto
que aumentara en su cuenta. Los macedonios le habían dado ofrendas repetidas
veces, pero los ojos de Pablo no estaban puestos en el dinero. En ocasiones
podemos rechazar algunas dádivas, pero cuando las aceptemos, debemos hablar
como Pablo lo hizo a los filipenses. Debemos orar para que haya fruto que
aumente a su cuenta. Es totalmente incorrecto que los siervos de Dios estén
atados al dinero. Debemos ser librados del dinero.
Sigamos para ver lo que Pablo dijo en el versículo 18: “Pero todo lo he recibido, y
tengo abundancia; estoy lleno”. Éste no era un informe financiero ordinario. Un
informe común generalmente destaca cierta carencia, buscando que otros sean
motivados a dar. Pero a la única iglesia que lo apoyaba, nuestro hermano Pablo le
dijo: “Todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno”. Las palabras de
Pablo raras veces eran repetitivas, pero aquí, él dijo: “todo lo he recibido, y tengo
abundancia; estoy lleno”. Hermanos y hermanas, por favor presten atención a la
actitud de nuestro hermano. Él le dijo a la única iglesia que lo apoyaba que él
estaba lleno, que tenía abundancia y que lo había recibido todo. Él tenía lo
suficiente; su único anhelo era que aquellas dádivas se convirtieran en “un olor
fragante, un sacrificio acepto, agradable a Dios” (v. 18). Aquí vemos a una
persona con un espíritu hermoso. Él no estaba consciente del dinero, éste no lo
afectaba de ninguna forma.
Avancemos al versículo 19, el cual es muy precioso: “Mi Dios, pues, suplirá todo
lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”. Él estaba
agradecido por su apoyo, pero no perdió su dignidad. Ellos habían ofrecido su
dinero como sacrificio a Dios; este dinero no era para Pablo personalmente y él
no tenía nada que ver con ello. Al mismo tiempo, él los bendijo, diciendo: “Mi
Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a Sus riquezas en gloria en
Cristo Jesús”. No podemos hacer otra cosa sino decir: “Al Dios y Padre nuestro
sea gloria por los siglos de los siglos. Amen”.
CUATRO
Finalmente, consideremos la actitud de Pablo concerniente a los fondos que la
iglesia puso en sus manos para que los administrara. En 2 Corintios 8:1-4 él
escribió: “Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha
dado en las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la
abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su
liberalidad. Pues doy testimonio de que, conforme a sus fuerzas, y aún más allá
de sus fuerzas, por su propia voluntad, con muchos ruegos nos pidieron la gracia
y la participación en la ministración a los santos”. Los hijos de Dios deben ser
estrictos en cuanto al asunto del dinero. Cuando un obrero va a cierto lugar a
laborar para el Señor, ésta debe ser su actitud siempre que toque dinero. Los
hermanos de Macedonia ofrecieron ayuda financiera para los hermanos que
estaban padeciendo hambruna en Jerusalén. Primero, Pablo les informó la
calamidad. Después de que lo oyeron, fueron más allá de su capacidad, pues a
pesar de su profunda pobreza y aflicción cuidaron de los hermanos en Jerusalén.
¿Qué hicieron? Pablo dijo que con muchos ruegos le pidieron la gracia y la
participación en la ministración a los santos. Ésta fue la actitud de los
macedonios al ofrecer ayuda financiera para cubrir las necesidades de los santos.
Ellos deseaban tener parte en esta gracia. No les importaba si ellos mismos
estaban en pobreza y aflicción; aun así deseaban tener parte en esta obra. Fue por
eso que le rogaron a Pablo una y otra vez que recibiera su ayuda. Es decir, Pablo
no les permitió dar la primera vez. Esto muestra una actitud apropiada. Un
obrero del Señor debe no aceptar a la ligera cualquier ofrenda que se le ofrezca,
incluso cuando no está destinada para su propio uso. Es verdad que los hermanos
en Jerusalén estaban pasando necesidad, pero esa no era simplemente una
cuestión de conseguir el dinero y pasarlo a los santos. Los hermanos macedónicos
también estaban en gran necesidad, y Pablo les dijo que tomaran de nuevo sus
ofrendas. No obstante, ellos insistieron una y otra vez, le suplicaron repetidas
veces rogándole mucho que les permitieran participar de esta gracia de
ministrarles a los santos. Ambas partes actuaron maravillosamente bien. Esta es
la manera de proceder que debe tener un cristiano. Por una parte, el oferente
dice: “Aunque sea pobre y esté en necesidad, aun así daré. Aunque esté más allá
de mi capacidad de dar, aun así quiero dar”. Por otra parte, el obrero dice: “Usted
no debe dar”. ¡Esto es hermoso! Finalmente el obrero dice: “Si usted realmente
desea dar, no puedo detenerlo más”. Ésta es la actitud apropiada de un obrero del
Señor. Pablo cuidaba así de los asuntos de la iglesia. Aunque él vio la necesidad
que había en Jerusalén y deseaba ayudar a los hermanos, su actitud era diferente
a la de muchos obreros hoy en día. Él permitió que las iglesias de Macedonia
participaran en la gracia de ministrar para los santos solamente después que le
habían suplicado una y otra vez.
En 2 Corintios 8:16-22 Pablo añadió: “Pero gracias a Dios que pone en el corazón
de Tito la misma solicitud que yo tengo por vosotros. Pues no sólo aceptó el
ruego, sino que también, estando muy solícito, por su propia voluntad partió para
ir a vosotros. Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el
evangelio se ha difundido por todas las iglesias; y no sólo esto, sino que también
fue elegido por las iglesias como nuestro compañero de viaje en esta gracia, que
nosotros ministramos para gloria del Señor mismo, y para demostrar nuestra
prontitud de ánimo; evitando que nadie halle falta en nosotros en cuanto a la
abundancia que ministramos; pues pensamos de antemano en lo que es honroso,
no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres. Enviamos
también con ellos a nuestro hermano…”. Aquí vemos el arreglo hecho por Pablo
al enviar el dinero a Jerusalén. Él fue muy recto en su procedimiento. Ningún
siervo de Dios debe ser descuidado en cuanto al dinero. ¿Qué dijo Pablo? Él dijo:
“evitando que nadie halle falta en nosotros en cuanto a la abundancia que
ministramos”. Pablo le pidió a uno, dos, tres hermanos que manejaran el dinero;
él mismo no lo manejó. ¿Qué hicieron los tres hermanos? Él dijo: “pues
pensamos de antemano en lo que es honroso, no sólo delante del Señor sino
también delante de los hombres”. En la administración de fondos, la única
manera de evitar problemas es permitir que dos o tres personas se encarguen de
la administración.
Debido a que el dinero es una cuestión tan seria, Pablo, escribiendo a ambos, a
Timoteo y a Tito, les mandó que no permitieran que ninguna persona codiciosa
desempeñara la posición de anciano (1 Ti. 3:3; Tit. 1:7). En 1 Timoteo 3:8 se
estipula lo mismo con respecto al oficio de diácono. Ninguna persona que no
haya vencido el dinero es apta para ser un anciano o un diácono. Un requisito
básico para ser un anciano o un diácono es no codiciar dinero. Debemos tratar
con el dinero de una manera muy sobria. Pedro escribió dando el mismo énfasis
que Pablo cuando dijo: “Pastoread el rebaño de Dios que está entre vosotros … no
por viles ganancias, sino con toda solicitud” (1 P. 5:2). Ninguna persona codiciosa
puede pastorear el rebaño de Dios.
Que el Señor nos conceda Su gracia para tratar íntegramente con el asunto del
dinero. A menos que resolvamos definitivamente el asunto relacionado a la
codicia, tarde o temprano nos encontraremos en dificultades. Si no resolvemos
este asunto de una vez por todas, no podremos ser útiles al Señor, y no podremos
resolver otros asuntos, y ciertamente nos enfrentaremos con problemas en el
camino. De ninguna manera debemos ser influenciados por el dinero. Siempre
que alguna persona nos critique, tenemos que aprender a rechazar sus donativos.
Al mismo tiempo, tenemos que aprender a llevar las cargas de otros. No debemos
cuidar solamente de nuestras propias necesidades y de las necesidades de
nuestros colaboradores, sino también de las necesidades de todos los hermanos y
hermanas. Si podemos manejar el asunto del dinero de una manera apropiada,
habremos logrado un gran avance. Aquellos que no han solucionado el asunto
básico relacionado con el dinero, nunca podrán laborar bien.